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Libros comentados

Ciencia, cine e historia. De Méliès a 2001 

Alberto Elena

Alianza Editorial, 2002

 


Las relaciones entre el medio cinematográfico y las Bellas Artes han sido analizadas en numerosas ocasiones, así como las adaptaciones al cine de grandes obras de la Literatura, o las dimensiones filosóficas de ciertas películas y cineastas. Sin embargo, se ha olvidado con demasiada frecuencia los remotos y firmes vínculos del binomio CIENCIA-CINE, de ahí la oportunidad y el interés del presente volumen, del que se espera pronto una segunda parte.

Aunque la primera historia general del cine publicada en 1925 dedicaba la mitad de la obra a evocar, razonar y justificar las múltiples y esenciales ventajas que para la investigación científica y la enseñanza de las ciencias habría de reportar el cinematógrafo, el nuevo invento –como consecuencia del gran desarrollo científico e industrial del siglo XIX- había derivado tempranamente por otras sendas y, como tantas veces ha sido dicho, la fórmula Méliès había desbancado a la Lumière y desde entonces el cine había apostado por el espectáculo antes que por la ciencia.

La representación cinematográfica de la ciencia y la tecnología no habían hecho sino comenzar con aquellas sencillas ficciones de ese genial creador que fue Méliès, pobladas de numerosos y extravagantes científicos (Viaje a la Luna, 1902). A partir de ese momento, toda la historia del cine estuvo salpicada de apariciones de hombres de ciencia que terminaron por configurar diversos arquetipos fácilmente reconocibles por el público.

El autor de este libro, Alberto Elena, profesor titular de Historia de la Ciencia en la Universidad Autónoma de Madrid, explora algunas de esas convenciones y arquetipos, sin duda piezas esenciales para cualquier reconstrucción de la comprensión pública de la ciencia en nuestra época. Ha estructurado el libro como una antología de películas que de un modo u otro, y sin perseguir ninguna ortodoxia (o al menos esa es su confesa intención), pueden considerarse representativas de los distintos enfoques históricos sobre el tema desde los orígenes del cine hasta finales de la década de los años sesenta del siglo XX, momento en que el film 2001.Una odisea en el espacio se erigió en decisivo punto de inflexión hacia nuevas y más críticas versiones.

Entre1902 y 1968, el cine transmitió una imagen más positiva del hombre de ciencia que negativa, aunque ésta tampoco faltó. La positiva tenía incluso toques de humor que provocaban la sonrisa y la complicidad con el espectador (El joven Edison, 1939), mientras la negativa en algunos filmes aparecía suavizada por el arrepentimiento final del científico, ante las consecuencias negativas –o aparentemente negativas- de sus descubrimientos (El doctor Frankestein, 1931).

En algunas obras cinematográficas, sin embargo, se sublimó –idealizando excesivamente- la labor científica y el mundo de los laboratorios (Madame Curie, 1943, Salto a la Gloria, 1959), de tal manera que para el público lego de la primera mitad del siglo XX, las únicas imágenes que de figuras como Galileo, Pasteur o Ramón y Cajal tenían era las que el cine les podía ofrecer. La década de los sesenta comenzó con la sátira (El profesor chiflado, 1963) y finalizó con la crítica total contra los científicos sin ética y sin alma (¿Teléfono Rojo? Volamos hacia Moscú, 1964, y 2001. Una odisea en el espacio, 1968).

Así, el libro reconstruye, mediante el análisis de 48 películas, un amplio mosaico de imágenes y estereotipos sobre la ciencia que el llamado Séptimo Arte ha contribuido decisivamente a incorporar al ámbito de la cultura popular. A través de estas películas el cuadro resultante es, sin duda, mucho más complejo de lo que la gran aceptación del prototipo de científico excéntrico permitiría pensar. Biografías de corte hagiográfico (Edison, el hombre, 1940), filmes sobre médicos tan abnegados como competentes (Robert Koch, el vencedor de la muerte, 1939), sabios que se erigen en benefactores de la Humanidad (El hombre del Níger, 1939)… Las imágenes de la ciencia en el cine de ficción son todo menos monolíticas y, en cualquier caso, la prevalencia de unos clichés sobre otros en un momento dado es algo que naturalmente, debe también ser explicado por historiadores y sociólogos.

Una comprensión más precisa del papel que la ciencia y los científicos juegan en el mundo contemporáneo depende en buena medida de la adecuado reflexión sobre las múltiples y complejas facetas que su imagen pública presenta: durante ya más de un siglo las pantallas cinematográficas han venido constituyendo una suerte de privilegiado sismógrafo para registrar sus significativas transformaciones.

Antonio Manuel Moral Roncal. IES Victoria Kent y Universidad de Alcalá de Henares