El rincón de la Ciencia                       

nº 49,   Abril de 2009

Ciencia y Literatura

 

Darwin en la Poesía

M.A. Gómez


En el año 2009 celebramos el bicentenario del nacimiento de Charles Darwin, uno de los hombres de ciencia que más ha contribuido al conocimiento que tenemos en la actualidad sobre el hombre y la naturaleza. Su Teoría de la Evolución cambio nuestra forma de ver la naturaleza, hizo que nos replanteáramos la relación con el mundo que nos rodea y, en definitiva, modificó nuestra posición en el universo. El cambio de perspectiva fue tan importante que generó grandes controversias en su época. Pero, a pesar de que la teoría de la evolución ha sido puesta aprueba en numerosas ocasiones y totalmente aceptada por la comunidad científica, hoy en día, todavía provoca controversias entre grupos que se resisten a independizar el conocimiento científico y el mundo de las creencias personales.

Darwin supuso un giro en la forma de representarnos el mundo y nuestra relación con él, desde el punto de vista de la ciencia, pero este cambio poco a poco afectó también a otras formas de representarnos la realidad que nos rodea como son, por ejemplo, el arte y la literatura. En este artículo vamos a centrarnos en la poesía y vamos seleccionar varias obras que van desde la controversia hasta la integración con las distintas teorías sobre el universo que se manejan en la actualidad marcando la evolución de los últimos 150 años.

En primer lugar, hemos escogido el poema A Darwin de Gaspar Núñez de Arce (1834-1903), contemporáneo de Darwin. El poema forma parte de su obra Gritos del combate publicada en 1875 después de la publicación del tratado evolucionista en castellano (1872). Núñez de Arce, paradójicamente diputado por el Partido Progresista, dentro de la controversia de la época se unió a los antievolucionistas y trata de ridiculizar el darwinismo en su poema.

Poema completo en: http://www.madrimasd.org/cienciaysociedad/poemas/poesia.asp?id=249

I
¡Gloria al genio inmortal! Gloria al profundo
Darwin, que de este mundo
penetra el hondo y pavoroso arcano!
¡Que, removiendo lo pasado incierto,
sagaz ha descubierto
el abolengo del linaje humano.

XIX
Tal vez enardecida y juguetona,
alguna virgen mona
prendiole astuta en sus amantes lazos,
y más fiel que su nieta pervertida,
ni le amargó la vida,
ni le hirió el corazón con sus abrazos.

II
Puede el necio exclamar en su locura:
«¡Yo soy de Dios hechura!»
y con tan alto origen darse tono.
¿Quién, que estime su crédito y su nombre,
no sabe que es el hombre
la natural transformación del mono?

XXII
¡Al árbitro del mundo!… ¡Qué sarcasmo!
Perdido el entusiasmo,
sin esperanza en Dios, sin fe en sí mismo,
cuando le borre su divino emblema,
esa ciencia blasfema,
como la piedra rodará al abismo.

III
Con meditada calma y paso a paso,
cual reclamaba el caso,
llegó a tal perfección un mono viejo;
y la vivaz materia por sí sola
le suprimió la cola,
le ensanchó el cráneo y le afeitó el pellejo.

XXIII
Caerá de sus altares el Derecho
por el turbión deshecho;
la Libertad sucumbirá arrollada.
Que cuando el alma humana se obscurece,
sólo prospera y crece
la fuerza audaz, de crímenes cargada.

X
Ajeno a todo inescrutable arcano,
nuestro Adán cuadrumano
en las selvas perdido y en los montes,
de fijo no estudiaba ni entendía
esta filosofía
que abre al dolor tan vastos horizontes.

XXIV
¡Ay, si al romper su religioso yugo,
gusta el pueblo del jugo
que en esa ciencia pérfida se esconde!
¡Ay, si olvidando la celeste esfera,
el hijo de la fiera
sólo a su instinto natural responde!

XVIII
En la copa de un árbol suspendido
y con la cola asido,
extraño a los halagos de la fama,
sin pensar en la tierra ni en el cielo,
nuestro inocente abuelo
la vida se pasó de rama en rama.

 

Pero también hay ejemplos de cómo nos proporciona nuevas perspectivas para explicar lo que tenemos a nuestro alrededor y generar nuevas metáforas. Un ejemplo es el poema El alma que sufrió de ser su cuerpo del peruano Cesar Vallejo (1892-1938).

Tú sufres de una glándula endocrínica, se ve,
ó, quizá,
sufres de mí, de mi sagacidad escueta, tácita.
Tú padeces del diáfano antropoide, allá, cerca,
donde está la tiniebla tenebrosa.
Tú das vuelta al sol, agarrándote el alma,
extendiendo tus juanes corporales
y ajustándote el cuello; eso se ve.
Tú sabes lo que te duele,
lo que te salta al anca,
lo que baja por ti con soga al suelo.
Tú, pobre hombre, vives; no lo niegues,
si mueres; no lo niegues,
si mueres de tu edad ¡ay! y de tu época.
Y, aunque llores, bebes,
y, aunque sangres, alimentas a tu híbrido colmillo,
a tu vela tristona y a tus partes.
Tú sufres, tú padeces y tú vuelves a sufrir horriblemente,
desgraciado mono,
jovencito de Darwin,
alguacil que me atisbas, atrocísimo microbio.
Y tú lo sabes a tal punto,
que lo ignoras, soltándote a llorar.
Tú, luego, has nacido; eso
también se ve de lejos, infeliz y cállate,
y soportas la calle que te dio la suerte
y a tu ombligo interrogas: ¿dónde? ¿cómo?
Amigo mío, estás completamente,
hasta el pelo, en el año treinta y ocho,
nicolás o santiago, tal o cual,
estés contigo o con tu aborto o con
migo
y cautivo en tu enorme libertad,
arrastrado por tu hércules autónomo...
Pero si tú calculas en tus dedos hasta dos,
es peor; no lo niegues, hermanito.
¿Que nó? ¿Que sí, pero que nó?
¡Pobre mono!... ¡Dame la pata!... No. La mano, he dicho.
¡Salud! ¡Y sufre!

El argentino Daniel Samoilovich (1949) le dedica toda una serie de poemas que terminan con Epílogo (Darwin) en el que nos muestra la evolución inversa del Universo en contracción hacia el "Big Crunch". El poema aparece en el libro Las encantadas (Tusquets, 2003) y su título hace referencia a las islas Galápagos, en donde a través de una serie de poemas sitúa el paraíso perdido y el primer instante de la creación, en donde también el viajero Darwin busca el origen de todas las formas vivientes y la mecánica de su creación.

Pero queda todavía una chance:
que se acabe este funesto big bang,
que el universo empiece a contraerse
y a enfriarse, camino del gran crunch:
acabarían entonces los adioses,
los alejamientos, las separaciones:
se invertiría la flecha del tiempo,
moriríamos antes de nacer,
la gigantesca nuez del coco
iría a parar a la basura
aún antes de que partiéramos el dicho
coco, o más bien, uniéramos sus partes:
primero el vagabundeo de Ulises,
después la guerra de Troya, y recién
a lo último, el juicio de Paris: le saca
a Helena la manzana, piensa qué hacer,
se la devuelve a la Discordia; renace
tras las cortinas Polonio, Lady Macbeth
ve sus manos sangrientas limpiarse
al arrancar la daga del corazón del rey;
entran Eva y Adán al Paraíso
bajo la severa mirada del Ángel:
Estimada Serpiente, o bien, lagarto
(habría recuperado ya sus patas)
acá le devuelvo esto, haga el favor
de pegarlo al árbol. Y chau, después
se mezclaría la luz con la tiniebla,
el Tipo diría el nombre de cada cosa
al revés, después de ver cómo se esfuma.
Torna Hermes al muslo de su padre Zeus,
éste al vientre de la Tierra, Urano
al seno del Tiempo. En la brutal
contracción, el universo entero
se concentraría en un solo punto,
miles de millones de veces más denso
que un agujero negro, un punto ¡un punto!
¡Basta de manchas, rayas, islas!
¡De líneas, dimensiones, planos!

¡Todo el peso de todo lo que pesa
y pesando ocupa un sitio e incordia a los demás,
al menos, a los que la mala suerte tienen
de compartir su miserable espacio-tiempo,
todo eso condensado en un punto,
sin dimensión, puro, matemático, una cosa
conjetural, irreal, incapaz de sufrir, inútil
para dañar! Y en el camino
hacia la apoteosis, tendremos al fin
el tiempo revertido, una honorable
despedida, un segundo acto cómico en que todos
caminan para atrás, como los buceadores
al entrar en el mar.
Pero parece, más bien (y como siempre
<<pero>> es el verdugo de lo que más nos gusta)
pero parece que cuando el crunch empiece
el universo ya se habrá enrarecido
y helado tanto que ni la sombra
de la sombra de la vida podría
existir en sitio tan frío: el baile
del revés queda reservado
para el polvo de las estrellas;
contrayéndose es poco probable
que hagan nada parecido a bolas
de gas o de fuego, y obviamente,
menos que menos, vida. Tampoco se regresa
así entonces y tampoco de otro modo
a lo que antes fue.
(.................................)
El trayecto punteado que el barco
de la Economic Galápago
hizo una vez, hace mucho en el tiempo,
se va volviendo la idea de un trayecto, hilván
que no retiene el conjunto:
tu dedo recorre las líneas
de las costas y los nombres de lugares
en versal y versalita fluyen bajo el índice,
las islas derivan como grandes tortugas,
convexas, sin fecha, sin ancla.


Tomado de: http://www.madrimasd.org/cienciaysociedad/poemas/poesia.asp?id=459

Por otra parte Hans Magnus Enzensberger en su obra Los elixires de la ciencia (Ed. Anagrama) nos narra la historia de Darwin en el poema Charles Robert Darwin que comienza:

El hombre que nunca quería.
Sentía mareos de pisar la Tierra.
'Genial', 'innovador', 'apabullante', 'un titán':
él no quería. Desde un principio
se resistió por todos los medios.
Náuseas, migrañas, hipocondrías.

(Tomado de Los elixires de la ciencia. Ed. Anagrama, 2002. Traducción de Kim Vilar)

Por último, hemos seleccionado un poema mucho más reciente Darwin en las galápagos, perteneciente al libro del mismo título del autor Carlos Jiménez Arribas (DVD Ediciones, 2008).

Mira de paso a la tortuga, Charles, y di que no, que es imposible hallar algo más parecido a un elefante en una isla. Testudo elephantopus, ese es el nombre, la variación en el espacio de lo mínimo, un atributo de color, de ser, más denso en las costuras de la especie. Sin la tortuga, Charles, ¿existes tú y lo elefantino de tu rifle, eres acaso el hombre y no un capricho de la vida? Todo triunfo es de la forma, Charles. Mira despacio al cuerpo que no duda: en la seguridad del paso avanza algo más alto que la ciencia, un estupor que el animal traduce en cuello erguido y añoranza del marfil. Y posibilidad de trompa.

Se trata de un libro con una colección de breves poemas en prosa. El protagonista, en su viaje busca ejemplares del mundo animal, de forma que poco a poco es el animal el que se proyecta en el hombre.