cabecera.jpg (24028 bytes)

Pasatiempos

(nº 18,   Octubre-2002)

Romance del oso blanco (PS-18)                           

J. L. López Lasala 

Continuamos… Vamos a ver… Un cazador… Por favor… Un cazador furtivo… ¿Sabéis lo que es “furtivo”?… ¿Y “cazador”?… Mario Alexander no le muerdas la oreja a tu compañero, que le estás haciendo sangre y a lo mejor no le gusta…

Mi profesor de “Pa”ciencia, yo lleva así cuatro días intentando plantear un pasatiempo a la clase. Como yo ya me lo sé de cuando lo dijo en Iniciación al ocio, lo escribo a continuación para no apurar la paciencia de los lectores:

Un cazador furtivo, o sea, que caza a escondidas, parte de un punto concreto, siguiendo el rastro de un oso. Camina 40 km. en dirección SUR sin desviarse, hasta que se detiene, gira un cuarto de vuelta y de nuevo anda 40 km. en dirección ESTE. Nueva parada, porque las huellas (y el cazador) se dirigen ahora exactamente hacia el NORTE y así, cómo no, otros 40 km. En ese momento, no sólo se encuentra con el oso y lo mata, sino que advierte que ha regresado al punto de partida. Y preguntamos:

¿De qué color es el oso? ¿POR QUÉ?

 im.jpg (18229 bytes)

Demos las gracias a las reformas educativas por favorecer el desarrollo de nuestras más refinadas destrezas literarias y artísticas: como no se puede dar clase y ya nos vamos cansando de morder orejas, nos entretenemos escribiendo poemas y pintando pupitres. Por mi parte, he podido acabar la versión en romance lorquiano del problema anterior. Para cuando el profesor lo termine de exponer, espero tener ya lista la versión dramática y, si la clase lo permite, es decir, si la clase no permite la clase, espero presentar también un ensayo filosófico.

Romance del oso blanco

Blanco, que te quiero blanco.
Blanco de lavandería.
Nueva fórmula Progreso
y un poquito de lejía.
El día que tú naciste
grandes señales había:
de boreales colores
la mañana se teñía.

Un furtivo cazador,
oriundo de Almería,
parte de un punto exacto.
¿Quién lo adivinaría?
Sigue las huellas de un oso,
siempre hacia el sur las seguía,
hasta encontrarlas al este
a pesar de su miopía.
Voces de muerte sonaron
al llegar el cuarto día.
Voces de muerte hacia el norte
y toses de pulmonía.
—¿Cómo es posible que esté
–el cazador se decía–
en el mismo sitio que antes
después de mi travesía?
—Deja que sean los lectores
del Rincón de la Ciencía
los que aclaren el misterio.
—¿Quién habla?
                           —Soy yo, Lucía,
la osa a quien tú persigues
con tanto encono y porfía.
Pero antes de matarme
escucha esta profecía:
Ni mi blanca piel de luna
cubrirá esa mancha impía
que llevará tu conciencia
hasta la lápida fría. 

La tarde, loca de focas,
de hielo y melancolía,
acoge en su seno blanco
el blanco olor de Lucía.
Sangre resbalada gime
por el alma de García,
el cazador que se marcha
con mancha, sin alegría.
Y ya llegando a su tierra,
poco antes de Almería,
entró en un supermercado,
revisó la mercancía
y, por ahorrar cuatro perras,
compró detergente DIA.

Blanca, que te quiero blanca.
Blanca de lavandería.
Nueva fórmula Progreso
y un poquito de lejía. 

 El burrito non

El avezado lector encontrará pistas casi definitivas en los versos del burrito. Si sabes justificar el color de la osa

escríbenos cuanto antes a: ies.victoria.kent@centros5.pntic.mec.es

 SOLUCIÓN