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Pasatiempos

(nº 15,   Febrero-2002)

La primavera de los vagos (PS-15)                           

J. L. López Lasala

Un manto de silencio y blancura ha purificado la ciudad. Pero no lo suficiente como para suspender las clases. Con timbre sonoro y hueco truena el maestro. Junto a la ventana, mirando la calle envuelta en el sudario de la nieve, a favor de las poéticas meditaciones, parte mi alma hacia la lejana comarca del ensueño. Observo un muro recién levantado, con esa mirada perdida a cualquier parte cuando resumimos en el desencanto una nueva pasión. Cojo mi rotulador negro y dibujo sobre la mesa algunos ladrillos, donde antes palpitaron pequeños corazones de lápiz. Intento repasar sus siluetas de un solo trazo, pero no lo consigo. Mi profesor de Disneymatemática me dice que tampoco se puede hacer de dos…

¿Puedes dibujar estos ladrillos con sólo tres trazos, sin pasar dos veces por la misma línea?

 

 

 

 

 

 Nadie se explica el impetuoso avance de las obras de ampliación del instituto en los últimos días. Pero desde que me cambiaron de sitio en clase, junto a la ventana, los obreros se sienten tan vigilados por mi ociosidad que no descansan ni para comer el bocadillo. Yo no sé si con esta medida mi tutora alcanzará ese “clima de trabajo” que tanto desea para la clase, pero, desde luego, lo ha conseguido para fuera de ella. Por gratitud o solidaridad, el jefe de la obra debería tomar alguna medida similar con sus peones. Los vagos somos necesarios para la sociedad, en la medida en que ésta nos desprecia. ¡Cuántas veces me han castigado a quedarme por la tarde y qué limpio ha aparecido el insti al día siguiente! El personal de la limpieza (que todavía sigue formado por señoras) ya sabe que yo sé de memoria su labor y se cuida mucho de no olvidar ningún paso. Los repetidores también examinamos a los maestros con los apuntes del curso anterior, y si advertimos alguna omisión en su programa nos basta torcer el gesto para corregir su desidia. Yo no odio el trabajo, como dicen mis profesores: ¡si me paso el día viendo trabajar! Los que odian el trabajo son ellos, que no dejan de pensar en las vacaciones.

Mientras las postreras gracias de la naturaleza se conservan en hielo hasta que vuelva de nuevo con su varita mágica abril, nosotros, los vagos de siempre, infatigables fiscales del trabajador, jugaremos con la belleza de nuestra provocación a no hacer nada, pasearemos por las momias de los jardines con las manos en los bolsillos, luciremos nuestra holganza, siempre activa y vigilante, lo mismo en el anonimato de las calles que en la intimidad de los recintos, y acaso llevemos guardado un bello poema de amor, para ser, en el frígido entumecimiento de todo, la única sensación superviviente de la primavera.

Fdo: El burrito non

¿Encuentras la solución al problema de los ladrillos? Recuerda, si eres asiduo de esta sección, que el internauta es el único burrito que tropieza dos veces con el mismo ladrillo.

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