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Pasatiempos

(nº 12,   Julio-2001)

Rompecabezas (PS-12)                           

J. L. López Lasala

Mi profesor de "Biología aplicada", el Dr. Stein, ha hecho cosas que ni los dedos más osados se atreverían a deletrear sobre el teclado de un frío ordenador. Sin duda, yo soy su cómplice. Hace unos meses me ofreció trabajar en el "caso Peláez". Peláez desapareció por entonces, pero nuestra misión no consistía en buscarlo: fue el mismo Dr. Stein quien lo secuestró para sus experimentos. Yo acepté gustoso su proposición no por el amor a la Ciencia, sino por espíritu de venganza… El hombre es un animal dañino y se le combate con el progreso. El fin de la especie coincidirá con el progreso máximo.

¿Cuenta aquí la opinión de Peláez? Digámoslo de una vez: Peláez es imbécil. Para ser un animal sólo le sobran dos cosas: la figura y la palabra; para ser una verdadera persona le faltan muchas otras. Mi profesor, el Dr. Frank Stein, se ha empeñado en acercarle a su esencia de hombre, trasplantándole el cerebro de un ser superior en inteligencia y belleza: el perro del bedel. (El cerebro del perro, no del bedel, que también es un perro, a su modo.)

Aplicando las fórmulas mágicas de esa bruja que se llama Ciencia, hoy hemos realizado la terrible operación. Sólo queda coserle la tapa de los sesos y lo tengo que hacer yo solo, según sus precisas indicaciones: la costura debe ser continua y atravesar la brecha abierta por todos los sitios indicados en el dibujo, pasando una sola vez por cada uno de ellos. Se empezará por la oreja izquierda, siguiendo cualquier recorrido, pero con salida hacia la oreja derecha.

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 Necesito la ayuda de alguien. No soporto más el penetrante olor de alcoholes y drogas. No soporto el afilado ruido de los escalpelos que, sin embargo, permanecen inmóviles sobre el sucio cristal. No soporto estas ganas de llorar, porque no puedo llorar. Desearía poseer el cuerpo vacío del perro que ahora yace en el fondo del contenedor, si al menos pudiera sentir la cálida humedad de sus ojos suplicantes. El único tragaluz de la habitación es muy pequeño para escapar hacia la noche. Esto tiene que acabar. Yo soy la bestia. Seré la próxima víctima de mi profesor, si no consigo resolver el enigma antes de que regrese.

Espero insomne tu respuesta frente al ordenador. La azulada luz que desprende la pantalla deja en el ambiente, al unir estas cosas tristes, un raro hechizo poético de misteriosa ternura...

Fdo.: El burrito non

Si algún internauta puede ayudar a este alumno a escapar de las garras de su profesor, le agradeceríamos que enviara la solución a nuestra dirección: ies.victoria.kent@centros5.pntic.mec.es

          SOLUCIÓN