El rincón de la Ciencia I.S.S.N.: 1579-1149

nº 65 (junio-2013)

La introducción de especies como causa de globalización ecológica. El molusco dorado en Argentina (RC-150)


Gisela Loretán


 

La globalización como fenómeno, comenzó en el siglo XX, y  tuvo como principal consecuencia la unificación de las comunicaciones, del comercio y de las culturas a nivel mundial. Este hecho, no sólo provocó una homogeneización cultural en las sociedades de todo el planeta sino que desencadenó un fuerte impacto a nivel ecológico. Uno de los daños colaterales de las comunicaciones y del comercio entre países y continentes, fue la introducción de especies exóticas. Si bien los primeros casos de invasiones biológicas se registraron en la época de las colonizaciones (cuando los inmigrantes llevaban especies propias de sus tierras a las colonias), éstos se han incrementado alarmantemente desde el auge de la globalización.

Las especies invasoras son poblaciones de organismos transportados e introducidos por el ser humano a un área que no corresponde a su distribución original. La introducción puede ser intencional, como en el caso de las especies con valor económico, o accidental, en el caso de las plagas. Estos organismos consiguen establecerse y dispersarse en la nueva región, acarreando diversos problemas económicos, ecológicos e incluso, sociales. Una de las especies introducidas en Argentina que más expansión geográfica y demográfica ha tenido es Limnoperna fortunei, un molusco bivalvo procedente de Asia. Este animal, llamado vulgarmente molusco dorado, por la coloración que adopta su concha de dos valvas en los ambientes de agua dulce, fue traído y descargado junto con el agua de lastre de los barcos mercantes asiáticos en los ríos argentinos.

La población de Limnoperna fortunei de Argentina fue descubierta en 1991 en la costa del Río de La Plata por investigadores argentinos, entre los que se encontraba Gustavo Darrigan, uno de los pioneros en el estudio de los efectos de Limnoperna. A partir de este momento, el molusco dorado avanzó a una velocidad aproximada de 240 km. por año. Hasta el presente, esta especie continúa expandiéndose y ha llegado a otros países latinoamericanos. Su población también se ha incrementado enormemente y se expande año a año. Sus efectos en la economía han sido exhaustivamente estudiados, ya que los daños que provoca se miden en millones de pesos; sin embargo, el impacto ecológico que la especie ha tenido en Argentina está aún lejos de conocerse completamente.

 

Una larva peligrosa

Fuente: greatlakesecho.org

Limnoperna fortunei es considerada una especie invasora porque fue introducida en una región en la que originalmente no se encontraba y ha logrado establecerse con éxito a expensas del bienestar de especies nativas. Las invasoras tienen, además, características que les favorecen en el momento de establecerse en un hábitat, entre ellas, tener un rápido mecanismo de dispersión, alta tasa de reproducción y estar asociada a las actividades del hombre. El molusco dorado es un claro ejemplo de especie favorecida por las actividades humanas porque es trasladada por el hombre en el agua de lastre de los barcos mercantes, una técnica que sirve para mantener la estabilidad del buque, la cual consiste en la extracción de agua del entorno en el que se encuentra el buque en ese momento  para expulsarse luego en un punto alejado de donde se tomó. Como se puede suponer, los individuos de Limnoperna fueron tomados con el agua de lastre en Asia y luego fueron expulsados en el Río de La Plata en Argentina.

Además de estar relacionado con las actividades antrópicas, el molusco dorado cumple con otra de las características de las especies invasoras exitosas: posee una alta tasa reproductiva y,  lo que es más importante, un rápido mecanismo de dispersión. Éste está dado por el tipo de larva que posee, típica de su forma de vida marítima en estado natural. La larva es nadadora y se alimenta por sí misma apenas sale del huevo, a diferencia de los bivalvos nativos de Argentina que en su estadio larval parasitan las agallas de los peces. Esto supone un control sobre la población de moluscos nativos, la cual es regulada por el grado de dificultad de conseguir el hospedador adecuado y por la dependencia de la movilidad del pez al que parasitan.

En contraste con las larvas nativas, las de Limnoperna son capaces de nadar hasta encontrar un sustrato adecuado dónde adherirse y allí se transforman en el adulto típico con concha de dos valvas de color dorado. El desplazamiento del individuo cuando aún es una larva microscópica le permite llegar a lugares inalcanzables para un adulto, con lo que logra establecerse y pasar a la etapa de vida fija a un sustrato. De esta manera, su capacidad de dispersión está muy desarrollada y le posibilita la colonización de sitios restringidos para otras especies de moluscos.

Otra diferencia con las almejas nativas es que Limnoperna tiene hábitos epifaunales, es decir, se adhiere en la superficie del sustrato y para ello utiliza como cemento unas estructuras filamentosas denominadas “biso”. En cambio, las especies autóctonas son infaunales ya que viven enterradas bajo la arena. Esta forma de vida epifaunal es también causante del asentamiento del molusco dorado en lugares inesperados, como cañerías u organismos acuáticos.

Daños que el dinero no puede pagar

De las características propias de la especie, la larva nadadora libre es una de la que más beneficios le traen al molusco y la que más daños acarrea a nivel económico. Las plantas potabilizadoras y de las represas son las más afectadas debido a la obstrucción de caños y filtros producida por la entrada de la larva cuando aún es microscópica y su posterior establecimiento en las superficies interiores.  Las poblaciones así fundadas, luego de transformarse en adultos, se superponen de tal manera que impiden el paso del agua. Las muertes masivas que se producen en el interior de las instalaciones son foco de proliferación de hongos y bacterias, lo que también provoca la contaminación del agua que es filtrada.

Esta pérdida económica tan alta que produce es la causa principal por la que los investigadores  intentan determinar las debilidades de la especie para poder controlarla. Es por ello, que cuando comenzó este fenómeno, fueron pocos los científicos que se interesaron por descubrir los efectos de L. fortunei en las especies propias de los ríos argentinos. Actualmente, más de veinte años después del descubrimiento de la población argentina del molusco dorado, muchos investigadores se preocupan por los problemas ecológicos que esta especie podría acarrear sobre la fauna y flora nativa. Estos daños podrían ser irreversibles y las medidas a tomar para el control de la especie probablemente no sean suficientes para exterminarla por completo.

Aunque los estudios de impacto ecológico de Limnoperna aún son escasos, ya existen resultados que demostrarían los efectos de este molusco sobre las especies de los ríos argentinos. Si bien, los mejillones dorados son epifaunales por lo que no compiten por el sustrato con los bivalvos autóctonos de hábitos infaunales, existen otros organismos que precisan de elementos duros a los que adherirse para llevar a cabo su vida, por ejemplo las esponjas. Estos animales inmóviles viven sobre rocas, maderas y todo tipo de materiales similares. Las poblaciones de Limnoperna, al poseer una mayor cantidad de individuos, privan de sustrato para el asentamiento de las esponjas y muy a menudo, éstas no pueden establecerse. Por otra parte, se han descubierto animales con caparazones o conchas duras que son utilizados por Limnoperna para adherirse, como cangrejos u otros bivalvos de mayor tamaño. Esto disminuye la movilidad de los organismos por el peso de decenas de moluscos dorados y hasta puede llevarlos a la muerte, como en el caso de los bivalvos que no pueden abrir sus conchas para respirar ni para alimentarse.

Otro problema es que, si bien Limnoperna no compite con los demás moluscos por el sustrato, sí lo hace por el alimento ya que todas estas especies filtran plancton, es decir, se nutren de los pequeños organismos animales y vegetales que flotan en la columna de agua. Si se tiene en cuenta la gran cantidad de individuos de molusco dorado que se encuentran en los sistemas de agua dulce argentinos se puede afirmar que el impacto negativo sobre las especies nativas es muy alto. Otro resultado al que arribaron los investigadores fue que también los organismos planctónicos se ven afectados porque sus poblaciones se ven disminuidas drásticamente y en niveles desiguales. Esto último se debe al hecho de Limnoperna filtra y se alimenta de organismos de un determinado tamaño, despreciando los que están por debajo o por encima de esta talla, lo que provoca que las poblaciones planctónicas disminuyan desequilibradamente, rompiendo las relaciones ecológicas naturales.

Sin embargo, es importante destacar que no todos los efectos de este mejillón asiático son negativos. Existen estudios en los que se comprobó que hay especies de peces nativos que se alimentan de estos moluscos, lo que contribuye a controlar su población. Lamentablemente, no es suficiente la predación por parte de los peces para exterminar completamente a Limnoperna y las bajantes de los ríos siguen siendo principal factor de control sobre el molusco dorado. La muerte, en este caso, ocurre porque los mejillones pueden sobrevivir sólo por un tiempo fuera del agua y cuando el río está en bajante por un período mayor de tiempo, los mejillones mueren.

Controles actuales… esperanzas futuras

Es indudable que Limnoperna fortunei debe ser considerada una especie invasora porque cumple todas las características propias de este tipo de organismos. Es necesario destacar que este proceso es producto de la acción humana ya que los casos de invasiones aumentaron considerablemente desde que los países del mundo comercian y se comunican a diario unos con otros. Por este motivo, que se puede afirmar que el fenómeno de invasión de especies es un caso de globalización ecológica.

Las perspectivas a futuro no son las mejores si se considera el grado de expansión que las poblaciones del molusco dorado experimentan año a año. Sin embargo, hay medidas sencillas que toda la sociedad puede poner en práctica y que ayudaría a controlar la dispersión de estos organismos. Entre ellas, es recomendable la de informar inmediatamente la presencia del mejillón a la autoridades competentes (Universidad Nacional de La Plata), la limpieza de embarcaciones y de instrumentos de pesca con agua lavandina y evitar transportar baldes de agua de río que podría contener  larvas de un lugar a otro de pesca.

Por otra parte, los científicos siguen investigando otros mecanismos de control, como moluscicidas biológicos (hongos, bacterias y virus) o químicos que sólo afecten a Limnoperna y no a los moluscos nativos. Estos estudios, si bien no se han completado aún, parecen dar buenos resultados en el presente. Por ejemplo, se han implementado pinturas con componentes que impiden que las larvas se adhieran a las superficies de los caños y filtros de represas y plantas potabilizadoras.

Aunque las medidas propuestas son capaces de controlar las poblaciones de este mejillón, es evidente que no está al alcance de los seres humanos exterminar completamente este animal de los ríos argentinos. Como se puede deducir de los numerosos informes científicos: Limnoperna fortunei llegó para quedarse. Es por ello, que el mecanismo más importante para evitar futuras invasiones, es la prevención.

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