El rincón de la Ciencia I.S.S.N.: 1579-1149

nº 64 (marzo-2013)

Leonardo da Vinci y las interpretaciones pseudocientíficas [1] (RC-148)


Sergio H. Menna. 
UFS/ Fapitec/ CNPq


self.jpg (20451 bytes)

Leonardo, genio inexplicable

 

Con certeza todos sabemos quien fue Leonardo da Vinci. Google localiza más de 100 millones de páginas dedicadas a él, y la librería virtual Amazon tiene cerca de 15.000 libros sobre Leonardo.

Leonardo da Vinci fue una gran figura del siglo XVI. Nació en 1452 y murió en 1519 –pertenece, por lo tanto, al período histórico conocido como ‘Renacimiento’. Los textos de divulgación nos presentan a Leonardo como “escritor, pintor, científico, inventor, músico, arquitecto, escultor, ingeniero”, “matemático, médico, anatomista, naturalista”; “interesado en biología, fisiología, hidráulica, aeronáutica” etc. Es decir, como una persona de múltiples y grandes talentos.  

Por la calidad de sus obras e ideas, Leonardo da Vinci es universalmente reconocido como ‘genio’. Más aún: como “el genio de los genios”, “el mayor genio de la historia”, como “más que un genio”. Tal vez, sería interesante que quienes hacen esas apreciaciones expliciten mejor qué entienden por ‘genio’ y, también, que justifiquen porqué aplican ese calificativo sólo o principalmente a Leonardo. 

Hasta aquí, igualmente, nada de esto es problemático para nuestro conocimiento sobre el mundo en general y sobre Leonardo en particular: se trata, simplemente, de juicios de valor. Sin embargo, los problemas para el conocimiento comienzan a surgir cuando algunos autores intentan explicar la genialidad de Leonardo. Así, para algunos, Leonardo es tan genial que “parece rozar secretos situados más allá de lo terrenal (Fiebag, 2012; itálico en el original). Para otros, Leonardo “se adelantó tanto en diversos campos del saber, que incluso se llegó a considerar como imposible que fuese un ser humano” (Zárraga, 2012; itálico mío). Entendiendo que las obras e ideas de Leonardo son únicas, sin precedentes y adelantadas a su época, para explicar lo que creen que es inexplicable dentro de parámetros humanos y terrenales, esos autores dan un paso radical final: afirman que Leonardo era un extraterrestre (Zárraga, 2012; Espinoza Herrera, 2012), un astronauta que viajó con extraterrestres (Fiebag, 2012), un médium (Olguín y Hubbard, 2012), un emisario de los dioses (Puentes, 2007), un viajero del tiempo (s.a., 2012) etc. En otras palabras: ¡intentan explicar algo que les parece sorprendente e incomprensible a partir de algo aún más sorprendente e incomprensible! Estas afirmaciones son, entonces, parte de las genéricamente denominadas ‘interpretaciones pseudocientíficas’.

Leonardo, genio en Internet

Textos con afirmaciones pseudocientíficas de esa clase se encuentran fácilmente (e inevitablemente) en Internet. Son textos sin referencias bibliográficas, que están en sites poco confiables (personales, no-universitarios etc.), casi siempre mal escritos, y que generalmente son plagios de plagios de plagios de plagios... Sin embargo, allí están, al alcance del estudiante y del lector con prisa o pereza que se ilusionan en creer que Google, Explorer o cualquier otro navegador substituye automáticamente una buena biblioteca o una buena investigación.

Una aclaración: ¡nada contra Internet! Internet es una maravillosa fuente de información, un océano de posibilidades de diversión y de aprendizaje. Allí podemos acceder a textos de Leonardo, de Ptolomeo, de Copérnico y del artista o científico que deseemos, así como a textos sobre el artista o científico que deseemos (textos que difícilmente estarán disponibles en la biblioteca de nuestra ciudad). Pero, como en todo, hay que aprender a discernir qué artista o científico merece la pena que lo estudiemos, y qué textos sobre esos artistas y científicos vale la pena leer o estudiar. Antes que nada, es necesario aprender a aprender, conocer métodos adecuados de aprendizaje, y reconocer fuentes apropiadas de conocimiento.

Pues bien: Internet es, inevitablemente, la principal fuente de información para aquellos que buscan información sin conocer los criterios mínimos que debe satisfacer una información que sea confiable. Por ese motivo, puede ser de utilidad, para el lector interesado (y entusiasmado) en Leonardo, un breve ejercicio de razonamiento crítico sumado a una breve lección de historia de la ciencia.

Leonardo, genio mal explicado

Volvamos a una afirmación anterior: muchas páginas de Internet sobre Leonardo intentan explicar algo que les parece sorprendente e inexplicable a partir de algo aún más sorprendente e incomprensible. Ahora bien: ¿son las obras y afirmaciones de Leonardo tan sorprendentes e inexplicables como parecen entender algunos autores en sus textos pseudocientíficos? Veamos el siguiente ejemplo, que discute un ítem de conocimiento de Leonardo que su autor considera sorprendente:

“En los años que [Leonardo] realizó la mayoría de sus manuscritos, el común de la gente consideraba que la Tierra era plana, y solamente unos pocos profundos pensadores (líderes de escuelas secretas), mantenían diferente opinión. Vale recordar que treinta años antes de que Copérnico diera a conocer su Teoría de que la Tierra era redonda, ya da Vinci lo había sostenido” (Zárraga, 2012).

De acuerdo a este autor, el hecho sorprendente es que Leonardo afirmase –¡antes de Copérnico!– que la Tierra era redonda, conocimiento sólo disponible a Leonardo y “líderes de escuelas secretas” (¡¿?!)... Detalle: E. Puentes, otro comentarista pseudocientífico, también se pregunta sorprendido: “¿Cómo podía Leonardo saber en aquellos tiempos que la Tierra era redonda?” (2007).

¡El hecho sorprendente, en realidad, es que sea posible reunir tantas afirmaciones absurdas en una única frase! Para comenzar, todos los contemporáneos cultos de Leonardo no dudaban que la Tierra era redonda. La idea de que para los autores medievales la Tierra era plana es un gran e insostenible mito (Jeffrey Russell, un historiador de la ciencia, dedica su (1991) a explicar el origen de ese mito). Ya volveré sobre este asunto; por ahora, concentrémonos solamente en la siguiente afirmación: “La Teoría de Copérnico sostiene que la Tierra es redonda”. La misma, en esos términos, es, o trivial, o absoluta y rotundamente falsa: La Teoría de Copérnico, también conocida como Teoría heliocéntrica, tiene la característica distintiva de colocar al Sol como centro del Sistema planetario, y de poner a la Tierra, esférica desde siempre, en movimiento. Para certificar adecuadamente nuestras afirmaciones, hagamos un poco de historia de la ciencia y recurramos a fuentes autorizadas. En este caso, la más autorizada de las fuentes es, obviamente, el propio Copérnico.

En el Prefacio de su De Revolutionibus, dirigido al Papa Pablo III, Copérnico informa al Pontífice que atribuyó “algunos movimientos al globo terrestre”. (El De Revolutionibus, libro escrito en 1543, puede ser consultado on-line en archive.org). La novedad que anunciaba Copérnico era el hecho de atribuir a la Tierra los movimientos de rotación y de traslación, no decir que era redonda. Su Teoría es sobre el movimiento, no sobre la forma de la Tierra. (Nadie dudaba que la Tierra tenía la forma de una esfera, al igual que el Sol, la Luna y todos los planetas conocidos; como vemos, Copérnico incluso la denomina ‘globo’ (terrae globo)). Copérnico dedica todo el Primer capítulo de su De Revolutionibus a contar la historia de la idea de la Tierra en movimiento (sólo menciona el tema de la forma esférica de la Tierra cuando hace una síntesis de todos los ítems astronómicos ya conocidos: “Que el mundo es esférico”, “Que la Tierra también es esférica” etc.).

Analicemos ahora la afirmación de otro comentarista pseudocientífico que también considera sorprendente el conocimiento de Leonardo:

“¿Quién fue ese Leonardo da Vinci? ¿De dónde sacó sus conocimientos? [... Él] dijo: “Un peso cae por el camino más directo en dirección al centro de la Tierra”. ¿Cómo sabía que nuestro planeta posee un centro? ¿De dónde sacó el conocimiento que dicho aserto lleva implícito, es decir, que la Tierra es redonda? ¿La había contemplado desde el espacio exterior?” (Fiebag, 2012; itálico en el original).

Observemos la estructura del razonamiento de la cita. El autor razona de la siguiente manera: (1) Leonardo, increíblemente, sabía que la Tierra es redonda. (2) Esa información sólo fue conocida después de la época de Leonardo. (3) Luego, Leonardo tenía un conocimiento que era imposible tener en esa época. ¿Cómo Leonardo pudo tener ese conocimiento? Indudablemente, porque era un extraterrestre que contempló la Tierra “desde el espacio exterior”. ¡Elemental mi querido Watson!

Razonamiento crítico e historia de la ciencia

Leonardo sabía que la Tierra es redonda porque fue un extraterrestre que contempló la Tierra “desde el espacio exterior”. ¿Es ésta una buena explicación? Incluso con la mayor tolerancia del mundo, estamos obligados a una sola y única conclusión: ¡Está basada en un razonamiento absurdo, en todos y cada uno de sus puntos!

Comencemos por el punto (1): Leonardo, increíblemente, sabía que la Tierra es redonda. Como ya mencioné anteriormente, ese conocimiento no tiene absolutamente nada de increíble: todos los contemporáneos cultos de Leonardo no dudaban que la Tierra tenía la forma aproximada de una esfera –por brevedad: que era redonda.

Centrémonos ahora en el punto (2): Esa información –la Tierra es redonda– sólo fue conocida después de la época de Leonardo. Observemos, al respecto, la frase que el autor atribuye a Leonardo (¿en qué texto de Leonardo? –¡el autor no cita fuentes!): “Un peso cae por el camino más directo en dirección al centro de la Tierra”. En primer lugar, no es necesario ver la Tierra “desde el espacio exterior” para alcanzar esa conclusión. En segundo lugar, esa idea, que en realidad es errónea desde una formulación newtoniana, está presente en todos los textos astronómicos al menos desde Aristóteles (384-322 a.C.) y hasta el siglo XVII. En su obra Sobre el cielo, por ejemplo, escrita aproximadamente en 310 a.C., Aristóteles acompaña su afirmación de que todo cuerpo se mueve en dirección al centro de la Tierra (buscando su ‘lugar natural’) con el siguiente argumento:

“El movimiento natural de la Tierra –de sus parte y del conjunto– es en dirección al centro del Universo. De allí se sigue su actual estado de reposo. En lo que respecta a su forma, la Tierra es esférica [...]. Es evidente que dado que las partes que la constituyen se dirigen a un mismo punto –el centro del Universo–, la figura resultante debe ser necesariamente regular, ya que si se añade una misma cantidad en todo el contorno de un cuerpo, su superficie exterior forzosamente equidistará del centro. Esta figura es la esfera [...].

Los sentidos nos ofrecen otra prueba de que la Tierra es esférica. Si no tuviese esa forma, los eclipses de Luna no presentarían la figura [circular] que podemos observar” (Aristóteles, Sobre el cielo, circa 310 a.C., 296b8-298c13).

Aristóteles: ¿otro extraterrestre, astronauta, viajero del tiempo o médium? ¿También fue extraterrestre Eratóstenes, que en el siglo III a.C. midió (indirectamente, claro: ¡no es preciso viajar en un ovni para tener ese conocimiento!) la circunferencia de la Tierra? ¿O Cristóbal Colón, que –¡tal vez antes de Leonardo!– sabía que la Tierra es redonda?

¡Lo increíblemente sorprendente en el párrafo citado es la sorpresa del autor ante el hecho de que Leonardo tuviese conocimiento de que “la Tierra es redonda”! Todos los planetas, y la Luna, y el Sol, son esféricos. Porqué alguien no pensaría que la Tierra es redonda? Los marineros de hoy y de siempre, mirando desde su barco una ciudad que se aleja lentamente, ven que los edificios más bajos desaparecen primero y los más altos por último. Cómo eso sería posible si la Tierra fuese plana? Y no sólo eso: los marineros, y cualquier otra persona, hoy y siempre, tienen a su disposición los eclipses de Luna observados por Aristóteles y varios otros argumentos más como para encontrar mucho más razonable la idea de que la Tierra es esférica y no plana.

La idea de que la Tierra es esférica fue, como vimos, bien conocida en la Antigüedad, y más que un consenso entre los lectores cultos de la Edad Media y el Renacimiento. Esta afirmación vale tanto para científicos como para religiosos. Los principales astrónomos del siglo XVI, por ejemplo, eran jesuitas, y todos hacían sus cálculos a partir de la Teoría planetaria vigente desde el siglo II, la Teoría de Ptolomeo, que postulaba una Tierra redonda, esférica, fija e inmóvil en el centro del cosmos. (El lector también puede consultar el Almagesto, principal obra astronómica de Ptolomeo, en archive.org). La gran mayoría de las imágenes pictóricas de la Tierra, al menos desde el siglo II, eran de una Tierra redonda[2].

Podemos pasar finalmente a analizar el punto (3): Leonardo sabía que la Tierra es redonda, información que sólo fue conocida después de la época de Leonardo. Luego, quedan pocas posibilidades para explicar ese fenómeno sorprendente: o Leonardo tuvo ese conocimiento porque era un médium (¿que se comunicó con muertos futuros?), o porque era un extraterrestre que pudo contemplar la Tierra “desde el espacio exterior”, o por alguna de las variantes ya mencionadas: astronauta, emisario de los dioses, viajero del tiempo etc.

Como vimos, esta clase de razonamientos se sigue del desconocimiento más elemental de historia de la ciencia. La errónea e injustificada creencia de que Leonardo fue el primero en saber que la Tierra era redonda, creencia que es patentemente falsa, genera la necesidad de crear una explicación absurda para la misma. El conocimiento de Leonardo sobre la forma esférica de la Tierra no era ninguna novedad en el Renacimiento, de modo que no es necesario hacerlo viajar en un ovni para explicar el hecho de que él tuviera tal conocimiento.

La clase de razonamiento pseudocientífico que estamos analizando parece extremamente frágil. Sin embargo, una enorme cantidad de páginas de Internet son construidas a partir del mismo. Este es el mismo tipo de razonamiento falaz que se hace, por ejemplo, con relación a las pirámides de Egipto: Los nativos no podrían haberlas construido; luego, sus constructores fueron extraterrestres (cf. Puentes, 2007). Y no sólo está presente en Internet: asista, si consigue tolerarlo, el canal History Channel por cinco minutos. Allí verá programas como Archivos extraterrestres o Alienígenas del pasado, donde todo lo que el narrador, en su más radical ignorancia de historia y física elemental no consigue comprender, es explicado postulando la intervención de extraterrestres. ¿Isla de Pascua? Extraterrestres. ¿Líneas de Nazca? Extraterrestres. Y la lista sigue… Estos razonamientos, evidentemente, también se siguen del desconocimiento más elemental de metodología científica.

El punto central aquí es que no es necesario hacer astronautas a Aristóteles, Eratóstenes, Colón o miles de pensadores más anteriores a Leonardo: se puede conocer la forma de la Tierra sin salir de la Tierra, así como se conoce la constitución química del Sol sin que sea necesario visitar el Sol.

Consideraciones finales

Nada de lo que mencioné aquí es información calificada, o secreta (o en posesión de “líderes de escuelas secretas”, como dicen los pseudocientíficos), o inaccesible al público en general. Por el contrario: precisamente porque es información científica, es pública y verificable, y porque es pública y verificable, es científica. Es información básica, muy básica, disponible en cualquier libro de astronomía y de conocimiento científico en general. Es comprensible –más aún, es inevitable– que el lector desinformado, o el estudiante que se inicia en la vida cultural, no sepa qué leer y cómo leer. ¿Cuál libro es un buen libro? ¿Qué forma de razonamiento es más adecuada? Realmente no es simple aprender esas cosas simples. Demanda tiempo, esfuerzo, tentativa y error aprender a discernir qué leer y cómo pensar. Y, lamentablemente, no hay fórmulas mágicas. De cualquier modo, espero, el lector atento podrá haber encontrado en este breve texto algunos indicios. Por ejemplo: ‘Consulta fuentes confiables’, y –mejor aún– ‘¡Duda!’, ‘¡Cuestiona!’, ‘¡Piensa crítica y científicamente!’.

Para finalizar, volvamos al comienzo. Cuando nos adentramos en la obra y los textos de Leonardo, no podemos dejar de admirar y valorar su creatividad y genialidad. Pero de esto no se sigue que las obras e ideas de Leonardo son únicas, sorprendentes, sin precedentes y adelantadas a su tiempo. Eso, definitivamente, es falso. Menos aún se sigue que Leonardo era un extraterrestre, o un astronauta, o un viajero del tiempo. Eso, simplemente, es absurdo.

Las explicaciones pseudocientíficas son falsas, absurdas, y, principalmente, innecesarias. Después de todo, la  conclusión de que Leonardo no es un genio inexplicable no hace a Leonardo menos genial –por el contrario, lo hace más admirable y más humano.

Referencias bibliográficas

Espinoza Herrera, Nemesio, 2012, “Leonardo da Vinci: el genio universal”, <http://nespinozah.blogspot.com.br/2012/07/leonardo-da-vinci.html >, Consulta: 18/09/2012.

Fiebag, Peter, 2012, “Leonardo da Vinci: el iniciado que quiso volar”, <http://www.antiguosastronautas.com/articulos/FiebagP01.html>, Consulta: 21/07/2012.

Olguín, Jorge (médium); Hubbard, Ron (entidad que se presentó a dialogar), 2012, “Leonardo da Vinci: el secreto de la Mona Lisa y quién fue la Mona Lisa”, <http://plandemaestria.blogspot.com.br/2011/03/el-secreto-de-la-mona-lisa-y-quien-fue.html>, Consulta: 21/07/2012.

Puentes, Enrique, 2007, “Da Vinci: el emisario de  los dioses”, <http://editoremancipado.blogspot.com.br/2007/12/da-vinci-el-emisario-de-los-dioses.html>, Consulta: 22/07/2012.

Russell, Jeffrey, 1991, Inventing the Flat Earth: Columbus and Modern Historians, Praeger, N.Y.

s.a., 2012, “Da Vinci y sus viajes en el tiempo”, <http://www.taringa.net/posts/info/11315435/Da-Vinci-y-sus-viajes-en-el-Tiempo-Muy-Interesante.html>, Consulta: 22/07/2012.

Zárraga, Humberto, 2012, “¿Fue Leonardo Da Vinci un extraterrestre?”, <http://estacioninsolita.blogspot.com.br/2011/02/fue-leonardo-da-vinci-un-extraterrestre.html>, Consulta: 21/07/2012.

 

[1] Este artículo es parte de las actividades desarrolladas en un Proyecto de divulgación científica que cuenta con el apoyo de Fapitec/ SE –Fundação de Apoio à Pesquisa e à Inovação Tecnológica do Estado de Sergipe (019.203.02699/2011-8)– y de un Proyecto de investigación con apoyo de CNPq –Conselho Nacional de Desenvolvimento Científico e Tecnológico (472278/2011-8).

[2] El lector puede consultar, en Online Galleries, History of Science Collections, University of Oklahoma Libraries, la portada de la edición de 1496 del Almagesto, que trae la representación del Sistema geocéntrico de Ptolomeo, con la Tierra, esférica, en el centro del mismo. <http://hos.ou.edu/galleries/02LateAncient/Ptolemy/1496/Ptolemy-1496-00a3v-fp-image/5in>, 22/07/2012.

 


Copy Left: Salvo indicación expresa, todos los contenidos de esta página se encuentran bajo una licencia Creative Commons. Puedes usarlos, siempre que no se haga con fines comerciales y se cite su origen y al autor.