El rincón de la Ciencia I.S.S.N.: 1579-1149

nº 60 (octubre-2011)

Te quiero muerto (II) (RC-138)


Alexis Hidrobo P.


Es 1967, James Bond se encuentra en Japón y acaba de deleitarse con una extravagancia culinaria. Luego de disfrutar una combinación entre lo picante y lo astringente se siente muy preocupado. Podría estar envenenado, y si es el caso tiene el tiempo contado…

Esta escena corresponde a uno de los relatos de Ian Fleming, creador del celebre agente 007. Es parte del libro solo se vive dos veces, y excepto por la existencia del emblemático agente secreto, su contenido es cierto. James Bond ha consumido una especie de pez globo llamado fugu. Este pez es sumamente venenoso, su hígado y glándulas sexuales secretan uno de los venenos mas potentes del reino animal. Esta delicia gourmet Japonesa debe ser preparada por chefs especialistas, es muy apreciada, y muy peligrosa. Es precisamente la mezcla de sabores y la sensación de saber que se está consumiendo un veneno, que si sobrepasa la dosis puede matarte en minutos, la que buscan los comensales de tan especial manjar. Hoy se sabe que la sustancia química responsable del envenenamiento es la tetrodoxina. Su toxicidad es 1000 veces mayor que la del cianuro y dependiendo de la dosis ingerida puede causar la muerte en apenas un minuto. ¿Cómo actúa esta sustancia? Bien, la tetrodoxina pertenece a los venenos que actúan sobre el sistema nervioso. Las células nerviosas poseen un mecanismo de transmisión de información conocido como intercambio de iones a través de canales. Uno de los iones claves en este proceso es el ión sodio. La tetrodoxina bloquea los canales de sodio impidiendo su ingreso. ¿Cuál es la consecuencia? Se produce hormigueo, sensibilidad alterada, perdida del equilibrio, atrofia muscular, parálisis e irremediablemente la muerte.

 

Ejemplar de pez "fugu", listo para cocinar

Casos de envenenamiento en la historia de la humanidad existen por miles. Desde los Griegos era conocido el “veneno de estado” obtenido a partir de la cicuta y usado como medio ejecutor de Sócrates; también son famosos los “polvos o veneno de sucesión” usados para usurpar el poder, en donde hijos envenenan a padres con fines “políticos” o de herencia anticipada.

Una envenenadora famosa fue Catalina Deshayes, que levantó un lucrativo negocio vendiendo venenos a mujeres deseosas de enviudar. Su último intento de asesinato fue el realizado contra Luis XIV; se cree que llego a terminar con la vida de unas 2200 personas, incluidos niños, al establecer un monstruoso sistema de planificación familiar.  

¿Napoleón Envenenado?

Uno de los casos más estudiados y controvertidos quizás sea el ocurrido al general y gobernante francés Napoleón Bonaparte. La versión oficial de la muerte de Napoleón asegura que la causa del deceso del gran emperador, soberano de cerca de la mitad del planeta, fue cáncer de estómago, y ocurrió el 5 de mayo de 1821 en la isla de Santa Helena, lugar al que fue confinado después de su derrota en la mítica batalla de Waterloo. Según el acta médica, la enfermedad lo llevo a la tumba en menos de seis meses. Este lapso de tiempo fue el pretexto para que algunos de sus allegados sospecharan de un asesinato. Según esta versión, confirmada por el testamento del propio Napoleón que aseguraba que la oligarquía inglesa quería terminar con su existencia, lo ocurrido durante su estancia en la isla no fue sino un muy bien planeado asesinato.

Para aquella época ya se conocían una gran variedad de sustancias que ingeridas podrían llevar a la muerte. No obstante, el veneno, para evitar sospechas, debería tener características especiales: Ser soluble en agua, insípido, de acumulación – mata paulatina y lentamente –, y de fácil dosificación en pequeñas cantidades en la comida o bebida del emperador.

El estudio del caso no fue fácil, pero uno de los candidatos más promisorios como veneno era el arsénico. El arsénico elemental no es dañino, la sustancia comúnmente utilizada y que posee las características adecuadas es el oxido de arsénico (As2O3). Este compuesto es el famoso veneno de sucesión o polvo de la herencia.

La ciencia al rescate

Ciento cuarenta años después de la muerte de Napoleón, dos médicos escoceses y un físico sueco deciden aceptar el reto. La primera tarea fue bastante frustrante, pues, ¿Qué podía quedar como muestra de la existencia del emperador después de tantos años?  Ropa, utensilios de uso personal, libros… en ninguno de ellos era posible detectar el nocivo arsénico… ¡Ah!, sin embargo, si se encontraban muestras de cabello tal vez seria viable determinar si el organismo de Napoleón estuvo en contacto con el veneno. Tiempo después, casi a punto de abandonar la búsqueda, los científicos consiguieron el maravilloso tesoro: Cabellos de Napoleón obtenidos directamente del “relicario de Santa Helena”, nombre con el cual se conoce al depositario de los restos del gobernante.

Es el momento de actuar de la física, y gracias a un maravilloso método de análisis llamado radiactivación o activación con neutrones, que permite determinar cantidades de   incluso 0,000000001 partes de gramo, el investigador sueco logro determinar que los cabellos contenían  trece veces más arsénico que lo normal. ¡Confirmado! Napoleón habría sido objeto  de asesinato. No obstante, el caso daría un giro interesante en la década de los noventa. Nuevas investigaciones aseveran que las paredes del tapiz del estudio, en donde Napoleón pasaba gran parte de su tiempo, contenían un pigmento verde obtenido a partir de arsenato de cobre. Esta nueva hipótesis plantea que el asesino seria un moho, que al crecer sobre la superficie del tapiz, en presencia del arsenato sintetiza trimetilarsina, un compuesto volátil muy venenoso. Según esta versión, el gran emperador podría haber muerto a causa de la inhalación de los residuos volátiles de pintura generados por un simple organismo microscópico. El caso no esta cerrado aún…

  

Fuentes: Chang. Química. 2004; Manuel Repetto Jimenez. Toxicología fundamental. 2008; Larousse. Historia de la humanidad. Tomo 10. 2004.


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