El rincón de la Ciencia I.S.S.N.: 1579-1149

nº 58 (abril-2011)

Experiencias científicas en TV. La divulgación dirigida a los niños (RC-134)


Ricardo Colmenero Martínez


En la parrilla televisiva infantil se ofrecen frecuentemente programas de índole divulgativa, mediante los cuales se pretenden explicar fenómenos científicos a través de experimentos llamativos y curiosos. Este artículo recoge algunos de ellos y trata de mostrar algunos patrones para la divulgación de la ciencia a través de los programas de televisión.

 A pesar de que la programación educativa infantil ha sido una constante desde la aparición de la televisión en España, no es hasta los años 90 cuando surgen los primeros productos destinados a difundir la ciencia desde la experiencia. La idea no es nueva, desde tiempos pretéritos la ciencia siempre ha tenido su sitio en espectáculos ambulantes y ferias, donde científicos que rozaban la categoría de magos subían al escenario a un público curioso. Muchas veces estas presentaciones carecían de una explicación científica, pero cumplían el objetivo de saciar una necesidad del hombre: sentir personalmente reacciones y procesos naturales en apariencia cotidianos, pero a la vez sorprendentes.

De “El mundo de Beakman” a Brainiac. La evolución de los programas científicos

Y así es como comenzaron a llegar desde EEUU programas divulgativos científicos. El primero de ellos fue El mundo de Beakman, basado en la tira cómica You can with Beakman and Jax y en emisión durante cinco temporadas (1992-1998). Su estructura argumental combinaba monográficos sobre determinados fenómenos con secciones en las que la audiencia hacía preguntas a través del correo. El fin era la demostración, y para ello el protagonista, el científico Beakman, contaba con la ayuda de su asistente Lisa y la rata de laboratorio parlante Lester.[1]

El programa también animaba a experimentar en casa siempre que fuese posible, de forma que los experimentos eran repetidos a modo de receta al final de los mismos. Era como un programa de cocina, solo que las sartenes eran sustituidas por los vasos de precipitados y las probetas.

 

A España llegó Beakman a principios de los 90, siendo repuesto ya en el nuevo milenio por la cadena generalista cuatro. Gozó de notable éxito entre los jóvenes cuando fue emitido por primera vez, aunque no se emitieron la totalidad de sus temporadas.

Hubo que esperar al siglo XXI para que la televisión nacional volviese a emitir un programa de índole científico para niños. Así nació Brainiac España y Clever en 2007. El primero se trataba de una adaptación del formato original británico (también emitido en España) que desde fines del 2003 había gozado de notoriedad entre el público. Si Beakman ofrecía experiencias dentro de un laboratorio, Brainiac proponía una ciencia monumental, realizada sin escatimar presupuestos y con rodajes en exteriores. En este programa las explosiones y dilapidaciones eran frecuentes, por lo que esa ganancia en espectacularidad suponía una perdida de interactividad. Es cierto que los espectadores hacían preguntas a los presentadores del programa, pero no podían realizar ellos mismos los experimentos al resultar aparatosos e incluso caros de hacer.

En EEUU nacía contemporáneamente al Brainiac británico un programa de similares características: Cazadores de Mitos (Mythbuster). En este formato, emitido originalmente en Discovery Channel, se busca desmentir o afirmar mediante experimentos las leyendas urbanas más extendidas en los Estados Unidos. Quizás la más famosa sea la reacción producida por los caramelos mentos en refresco de cola, pero el programa iba mucho más allá, hasta el punto de que los presentadores cayeron lesionados en varias ocasiones. Esto generó disparidad de opiniones entre una crítica que veía en los experimentos explosivos una posible influencia maligna entre los jóvenes, pero desde el primer episodio existió siempre un código de autocensura que lleva a omitir los nombres de los componentes peligrosos.

Como se ha podido comprobar en estas líneas, los programas de divulgación y experimentación científica para jóvenes han abandonado la línea más estrictamente científica para ofrecer espectáculo. En España se ha comenzado a adoptar esta línea con programas como El hormiguero, en el que el científico loco Flipy[2] realiza experimentos químicos en directo dentro de un  estudio. Si bien toma la espectacularidad de los programas antes citados, se intenta también buscar el fundamento científico. Aunque la explicación, en la mayoría de los casos es bastante mala y plagada de errores. Del mismo modo, en El hormiguero también hay un espacio para experimentos físicos a través de los circuitos mecánicos que cada día deben ser superados por una canica. Este ejercicio tan presente en las clases de ciencias adquiere toques de humor cuando los presentadores se apuestan pruebas humillantes si aciertan o no el resultado de la prueba.

Perfil medio de los programas.

Cabe destacar como características principal y común a todos ellos que los presentadores carecen de titulación o conocimientos en ciencias. De esta forma, los programas cuentan con asesoramiento científico en la sombra, pero es precisamente la necesidad de hacer atractivos los experimentos la que cuenten con actores para ser la cabeza visible.

Esta ventaja de cara a la audiencia tiene un gran inconveniente cuando el programa es en directo. En el caso de El hormiguero sustituyen este problema mediante el humor, juegan con el error al que todo experimento está arriesgado.

Es aquí cuando se plantea el debate sobre hasta que punto esta técnica cognitiva que une diversión y ciencia resulta eficaz a la hora de la verdad. Esta pregunta puede ampliarse si se enfrenta este modelo de televisión con el del documental tradicional adaptado a los niños (como por ejemplo National Geographic Kids) o a las series animadas divulgativas. Estas tendrán su lugar en un futuro artículo, pero si se puede afirmar es que en rigurosidad ganan estas últimas a tenor de la evolución que están sufriendo los programas divulgativos con experimentos. La existencia de un guión estático contra el que luchaban los planteamientos pedagógicos quizás sean necesarios para mantener una línea argumental que no se desvíe del objetivo primario: enseñar.


[1] El protagonista de “El mundo de Beakman”, interpretado por el titiritero Paul Zaboom.

[2] El monologuista y actor Flipy ha adquirido notoriedad entre el público juvenil con su sección de experimentos en el programa El hormiguero. Actualmente ha estrenado una sección en la que pretende superar a los “premios Darwin” de la historia. Con este formato, vuelven a vincularse el humor con la experimentación científica, lo que no ha traído a colación pocas críticas sobre el rigor y el carácter divulgativo  del mismo. Imagen extraída del periódico 20 minutos.

 


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