El rincón de la Ciencia I.S.S.N.: 1579-1149

nº 49 (abril-2008)

La fisión nuclear: ¿Una forma de propulsión aeronáutica? (RC-118)


Juan Carlos Sanz-Martín
(Miembro de la Asociación Española de Comunicación Científica. Premio MENSA de Divulgación Científica 2001)


En el número anterior de El rincón de la Ciencia publicamos un artículo de J. A. Martínez Pons titulado La energía nuclear: una forma de propulsión aeronáutica y ahora publicamos una réplica que nos ha enviado nuestro colaborador J. C. Sanz. Parece que se inicia un bonito debate.

SAX-40: avión de reacción “convencional” silencioso

Resulta técnicamente sugestivo el tema que planteó Martínez Pons en El rincón de la Ciencia último (nº 48), sobre el uso de la energía nuclear para propulsar aeronaves (mientras no se diga lo contrario siempre me referiré a la fisión nuclear). Pero, ¿es realizable en la práctica?

Ciertamente, la búsqueda de aviones con un consumo más eficiente de combustible, que resulten menos contaminantes y, sobre todo, más seguros, constituye un interesante reto tecnológico. ¿Por qué la propulsión nuclear de los aviones civiles resulta inviable de hecho?

Antes de responder a esta pregunta conviene notar la improcedencia de trasladar automáticamente los esquemas de trabajo desde el ámbito militar al civil. Adviértase que las limitaciones de la empresa militar casi nunca son financieras ni están vinculadas con el ahorro de materias primas. Por el contrario, esto no suele ser así en la planificación civil: raramente la iniciativa privada emprende proyectos que no comporten beneficios económicos y, admitiendo un correcto funcionamiento del mercado, que no usen competitivamente los recursos.

Así pues, tal vez las aeronaves nucleares presenten ventajas relacionadas con su independencia respecto del petróleo y su menor necesidad de repostar, pero, para que los gases de origen aeronáutico con efecto invernadero se redujesen significativamente, las aerolíneas de todo el mundo tendrían que sustituir una enorme cantidad de aparatos. Junto con este nudo gordiano, de índole tecnoeconómica, existen múltiples inconvenientes de gran calado, como por ejemplo el problema de los residuos nucleares —cuya adecuada solución aún no se vislumbra tras más de medio siglo de era nuclear—, el transporte transfronterizo de sustancias radiactivas y, con seguridad, el pago de indemnizaciones derivadas de la responsabilidad civil. Detengámonos en este último.

En la actualidad las compañías aseguradoras, apoyadas en diversas leyes, limitan la cobertura por responsabilidad civil del operador en caso de accidentes nucleares. Esta subvención encubierta quizás la tolera el Estado (es decir, la ciudadanía, que paga impuestos) porque los accidentes nucleares no son muchos o no están muy publicitados los desastres ocasionados, pero el caso de la aeronáutica es muy distinto. A título meramente informativo, en el siguiente enlace pueden verse las estadísticas de los percances aéreos durante 2006:

http://aviation-safety.net/pubs/asn/ASN_Airliner_Accident_Statistics_2006.pdf

Si la legislación no limitase el pago por parte de los operadores de indemnizaciones por responsabilidad civil en los accidentes nucleares, dudo que el precio del viaje en un avión nuclear estuviese al alcance de mucha gente, y si la ley lo limitara, sin duda los presupuestos generales de los Estados acabarían no tolerándolo.

Como Marcel Coderch (secretario de la Asociación para el Estudio de Recursos Energéticos, vicepresidente de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones, analista del Real Instituto Elcano y miembro del Club de Roma), cuyos concluyentes argumentos se exponen en su libro El espejismo nuclear, no somos pocos los convencidos de la existencia de tecnologías, como el hacha de sílex, la flebotomía contra la lepra, la bola de escribir de Hansen o el pulmón de acero, absolutamente prescindibles, y la nuclear de fisión es una de ellas. A buen seguro, convendría dedicar más esfuerzo en la investigación del transporte aéreo, tanto de su pertinencia como de la viabilidad de otros medios de impulsión más sostenibles. Así se aprovecharían las lecciones que nos brinda la actual crisis financiera y, también, el acervo cultural que nos habla de los límites del planeta Tierra y del colapso de algunas civilizaciones a lo largo de la historia. Empero, ¿será capaz la humanidad de escarmentar, o aún pervive la maldición de Casandra?