El rincón de la Ciencia nº 15 (Febrero-2002)
Hay prestigios que matan  (RC-35c)

Mª Sagrario Gutiérrez Julián  (IES Tirso de Molina, Madrid)


Contestación enviada al artículo Ellos las prefieren ... ¡Ciencias! publicado en el nº 14 (Diciembre de 2001) de El rincón de la Ciencia

El artículo Ellos las prefieren ... ¡Ciencias! de Francisco Ortego, refleja las creencias de un buen número de personas. Parto de la base de que muchos científicos y bastantes profesores de ciencias están encantados con las virtudes que, en ese artículo, como suele ser habitual, se atribuyen a las ciencias. Sin embargo, en mi opinión, algunos de los requisitos exigidos, con frecuencia, a las disciplinas para poder ser calificadas como científicas, eso que muchos piensan que les da prestigio, me parece que las empobrecen y les hacen un flaco favor. De ahí el título del encabezamiento.

Como no hay una concepción única sobre lo que se entiende por ciencia y la forma de hacer ciencia, o las finalidades de la ciencia y de su enseñanza, ni siquiera en la Física, voy a intentar en pocas líneas aclarar mi postura para no dar lugar a malos entendidos.

Cada vez es más numeroso el grupo de quienes no entendemos el método científico como una serie de reglas, una receta, para hacer ciencia, ni compartimos la idea de la pretendida objetividad de la ciencia, ni concebimos al científico como una persona ajena al mundo en el que vive, ni nos parece razonable que una gran parte de la población sea analfabeta funcional en el terreno científico. Como consecuencia, desde nuestro trabajo diario nos esforzamos por desmitificar, para bien y para mal, este mundillo.

Los conocimientos científicos avanzan por distintas vías, en ocasiones es un descubrimiento inesperado el que obliga a revisar e incluso cambiar las teorías, otras veces la teoría predice un hecho y se "busca" experimentalmente para que sirva de apoyo a la teoría. En cualquier caso, no hay un método sino varios y además esos métodos suelen venir condicionados por las teorías (conocimientos previos) de las personas que trabajan en cada línea de investigación. Pondré un ejemplo para aclarar lo anterior; cuando una persona ajena a la agricultura ( un urbanita) y un campesino viajan en la época en que está naciendo la cosecha los dos pueden ver (observar) lo mismo pero muy probablemente el campesino sea capaz de distinguir desde el coche, si un campo está sembrado de trigo o de cebada o de avena o de centeno mientras que el urbanita no lo sepa, ambos parten de situaciones distintas y la observación no les proporciona la misma información. He querido poner este sencillo ejemplo, porque en muchos manuales se coloca la observación como el primer paso del método científico y, para plantear ¿tendría sentido en este caso hablar de la objetividad de la observación?

Fomentar la creencia de que el conocimiento científico se basa en el estudio objetivo de los hechos y que este conocimiento se acercará cada vez más a la verdad absoluta, oculta en algunos casos intereses inconfesables. Los científicos trabajan sobre modelos provisionales tratando de explicar o intentando interpretar fenómenos. Un modelo es algo, inventado, que se acepta como válido si permite explicar los datos conocidos. Pasadas las euforias sobre la capacidad ilimitada de la ciencia, ni siquiera los científicos más ingenuos creen que el modelo perfecto representa perfectamente lo real. Las verdades científicas no son la Verdad ni los modelos científicos representan la naturaleza, su papel es más humilde. Desde este punto de vista, parte de la grandeza de la Ciencia está ligada a la capacidad para reconocer sus limitaciones y a la aceptación de la provisionalidad de sus conocimientos.

En cuanto al mito del científico despistado, únicamente dedicado a su trabajo, etc., convendría que nos parásemos a pensar un poco sobre él, porque aceptarlo sin más, permite y favorece la falta de control social de la ciencia y la falta de compromiso de los científicos con la sociedad; fomentar ese mito es una buena manera liberarse o liberarlos de responsabilidades. La ciencia depende de los recursos que aporta la sociedad, la investigación requiere financiación y los temas sobre los que se investiga no son ajenos a los intereses políticos, económicos, las luchas de poder entre los equipos de investigación o las ambiciones personales de los investigadores. No tenemos por qué pensar que los científicos vayan a ser seres más bondadosos o altruistas que el resto de los mortales, así que, no parece demasiado pedirles que hagan el esfuerzo de explicar a la sociedad, de manera comprensible, el porqué de la elección de los temas en los que trabajan, sus logros, sus dudas y temores, etc.

El derecho y el deber de los ciudadanos de ejercer un control social sobre cualquier actividad que se realice en su nombre o les repercuta, lleva a repensar el papel de la educación y sus finalidades. Entre los profesores de ciencias cada vez está más asumida la necesidad de una alfabetización científica para todos los ciudadanos, de manera que se considera que una de las finalidades irrenunciables de la educación obligatoria es contribuir a esa alfabetización como requisito para una educación efectivamente integral, que permita actuar y modificar el mundo en el que vivimos. La mayoría de los grandes problemas que afectan a la sociedad desarrollada, implican la toma de decisiones: éticas, jurídicas y políticas. Muchas de estas decisiones, se justifican recurriendo a argumentos científicos; por tanto, sin cultura científica no hay posibilidad de intervención razonable en el debate público y seremos manipulados más fácilmente.

Sin embargo, no nos engañemos, en investigaciones recientes para conocer la importancia asignada por los profesores españoles de Física y Química, a distintas finalidades de la enseñanza, lo menos valorado es que la enseñanza de la ciencia deba contribuir a la adquisición de valores democráticos. Parece que a semejanza de muchos científicos, también los profesores de ciencias, si nos dejaran, tenderíamos a encerrarnos en nuestra torre de marfil (los hechos, conceptos y teorías científicas) reproduciendo la enseñanza que, la mayoría, recibimos en nuestra etapa de alumnos. Falta todavía para que se generalice y se asuma la necesidad de prestar atención también a las implicaciones y repercusiones sociales de la ciencia y la tecnología.

En estos momentos en que se habla mucho de la necesidad de una mejora de la calidad de la enseñanza, se me ocurren preguntas para las que no es fácil encontrar explicación. Algunas de esas preguntas son las siguientes: ¿Por qué se ha reabierto, recientemente, el debate Ciencias/ Humanidades? ¿Quien decide lo que es cultura? ¿Puede alguna rama del conocimiento dejar de ser humana? ¿A quién benefician los estereotipos? ¿Contribuimos los enseñantes a mantener los estereotipos?

Esperemos que se encuentren vías para mejorar, de verdad, la preparación de los estudiantes y de los ciudadanos en general, de manera que no haya ignorancias perdonables y perdurables (por emplear calificativos muy al uso en los últimos tiempos) como ha venido sucediendo desde hace tiempo.

No olvidemos que, actualmente entre personas consideras cultas, decir "yo soy de letras" puede justificar: no saber calcular o interpretar un porcentaje, no saber explicar el porqué de la diferencia horaria entre países o hacer un mundo del cambio de moneda, como si fuera algo más que un cambio de unidades. Incluso, no causa ningún sonrojo desconocer quién fue Heisenberg, James Watson, o Edison, qué son los transgénicos o en qué consiste el efecto invernadero. En estos casos, parece que la ignorancia es perdonable, no está mal vista, incluso se presume del desconocimiento.

También se acepta que aunque se posea un título universitario, se pueda decir "yo soy de ciencias" y eso justifique: no escribir o expresarse con cierta corrección, como si los de ciencias no tuviéramos necesidad del lenguaje. En estos casos, sin embargo, no se suele ser tan benevolente, no se perdona tan fácilmente la ignorancia y se califica de inculto a quien no sabe quién fue Lope de Vega, Kant, o Mozart, o no distingue entre una catedral gótica o una barroca, por eso no solemos atrevernos a presumir del desconocimiento y si es posible lo ocultamos.

¿La cultura es "de letras"?, ¿la Ciencia no forma parte de la cultura en la llamada era tecnológica?, ¿la ciencia y la tecnología no son una manifestación de la sociedad, como lo es la lengua, el arte, la literatura o la filosofía.?

Quienes pensamos que no se puede perpetuar la dicotomía ciencias/letras, defendemos la integración de la ciencia en la cultura humanista y la contribución de las humanidades a la reflexión sobre las actividades científicas y tecnológicas. Creemos que también los científicos punteros necesitan formación humanística para superar el cientifismo; y los humanistas más prestigiosos necesitan cultura científica para superar actitudes basadas exclusivamente en tradiciones literarias; además, de ese modo no tendrán excusa para callarse ante los descubrimientos científicos contemporáneos y abstenerse de intervenir en las polémicas públicas sobre las implicaciones de estos descubrimientos.

Si se siguen manteniendo los estereotipos, ellos las preferirán ciencias pero la "cultura" seguirá siendo de letras, así que.... ¡Que cada palo aguante su vela!

Ellos las prefieren ... ¡Ciencias!

Ellos las prefieren ... ¡Ciencias! ... pero se casan con las morenas

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