El rincón de la Ciencia nº 14 (Diciembre-2001)
Ellos las prefieren ... ¡Ciencias!  (RC-35)

Francisco Ortego


Así podría titularse la película que Howard Hawks rodara sobre el tema que os propongo, si quisiera rememorar a la inmortal Marilyn Monroe. ¿Por qué todas las ramas del saber quieren ser llamadas "ciencias"? ¿Es posible que todas las disciplinas sean ciencias? ¿Hay distintos tipos de ciencias? ¿Hay ciencias blandas y ciencias duras según sus métodos y objetos de estudio?

Hojeo el folleto de las facultades de una universidad cualquiera: Física, Biología, Farmacia... Psicología, Ciencias Políticas, Ciencias de la Información, Ciencias de la Educación...Ciencias de la Seguridad. ¡¡¡Ciencias de la Seguridad!!! ¿Es que acaso existe también una ciencia que estudie "la seguridad"? Pero hay más. Estamos familiarizados con las Ciencias Sociales, que suelen acabar estudiando "los de letras", y no es difícil encontrarse con disciplinas como el Derecho, la Filología o la Filosofía que comienzan sus definiciones con el término "ciencia". Incluso he podido encontrar unas Ciencias de la Religión. ¡Qué empeño en ser una ciencia! ¿Qué tiene la ciencia que todos la desean para sí? Quizá reflexionando un poco podamos comprender ese oscuro objeto del deseo.

Sin lugar a dudas, la ciencia tiene un enorme prestigio. Y los científicos también. Con frecuencia en los medios de comunicación aparecen hombres eminentes -los científicos se entiende- explicándonos los más incomprensibles fenómenos. Es indiscutible también que en los últimos doscientos años, gracias a los avances científicos, el hombre disfruta de una calidad de vida como nunca imaginó. Tales adelantos y sus correspondientes explicaciones, nos han llevado en muchas ocasiones a identificar una afirmación científica con una verdad. Incluso a veces utilizamos la expresión verdad científica, que debe ser algo así como el súmmum de la verdad, algo dos veces verdad. No es difícil comprender que otras disciplinas sientan una ¿sana? envidia de todas aquellas materias que nadie discute que son ciencias. En algunos contextos tachar una afirmación como no científica equivale a negar su validez. De ahí que un saber que no se reconozca como ciencia no tenga, al parecer, ninguna credibilidad. He aquí el origen de lo que podríamos llamar "el complejo de no ser ciencia".

Pero, ¿qué es una ciencia? Quizá si pudiéramos responder a esta pregunta, podríamos aclarar un poco el asunto de cuáles lo son y cuáles no. La cuestión no es fácil. De hecho, la explicación sobre qué es una ciencia y qué es el método científico, suele ser uno de esos temas que los científicos tratan rápido y superficialmente. Les incomoda. Hay que hablar mucho y ellos prefieren dedicarse a hacer ciencia -aplicando algunas veces el método científico de una manera muy "sui generis"- y dejar el hablar de ciencia para otros, por ejemplo a los filósofos que ciertamente hablan mucho, pero que de ciencia suelen saber más bien poco. Zanjemos el asunto apelando a aquella concepción, un tanto caduca pero válida, que entiende el método científico como una verificación de hipótesis y su correspondiente fundamentación teórica, entendiendo por ésta esencialmente la matemática.

Es evidente que tal definición se adapta a unas disciplinas mejor que a otras, por lo que cabría acusar al autor de este artículo de una cierta circularidad: se define qué es una ciencia pensando en una en concreto - la Física, la Ciencia por excelencia-. Sin embargo -y aunque pueda reconocerse el acierto de la crítica- quizá en ella esté el meollo del asunto, porque durante mucho tiempo algunas disciplinas no han querido reivindicar un concepto distinto de ciencia, sino que han querido ser ciencias de la misma manera que lo es la Física, y para ello han tenido que adaptarse a sus métodos. Así, tenemos en el campo de la Psicología la orientación dada por el conductismo. Esta escuela de la Psicología contemporánea tiende a limitar exclusivamente el campo de esta disciplina al estudio del comportamiento, eliminando toda referencia a aquello que no puede ser puede ser observado y descrito en términos objetivos; es decir, a aquello que no pueda comprobarse en un laboratorio. El paralelismo con la Física es evidente. Sin embargo -y para desgracia de los conductistas y quizá también de la Psicología- no se puede experimentar de la misma manera con una persona que con un móvil al caer por un plano inclinado. Conclusión: el conductismo es una escuela en retroceso.

Este esfuerzo por ser una ciencia a la manera de la Física, ha llevado a muchas ramas del conocimiento a revestirse de un armazón matemático -la estadística casi exclusivamente- no siempre pertinente. Con ello, las llamadas "ciencias humanas" no han logrado su objetivo de ser ciencias de verdad - de ahí la acusación de ciencias blandas- y en algunas ocasiones, además, han dejado de ser humanas. Se han alejado de su objeto sin poder alcanzar el ansiado prestigio.

Una de las posibles soluciones podría estar en abandonar el término "ciencia" sin que ello suponga ningún complejo, ni pérdida de valor de ese campo del saber. En el siglo XVIII, en plena ascensión de la física newtoniana, Kant quiso resolver definitivamente si la Filosofía era una ciencia o no. Históricamente la Física había nacido de la Filosofía; la Física era una ciencia ¿podría serlo la Filosofía y superar con ello el permanente debate entre los filósofos y su aparente fracaso? El gran filósofo alemán concluyó no sólo que la Filosofía no era una ciencia, sino que por su propio objeto de estudio nunca lo podría ser. No, no dejó por ello de dedicarse a la Filosofía, disciplina a la que dedicó toda su vida. Tampoco la juzgó como un pasatiempo sin mayor trascendencia a falta de uno mejor en el que entretenerse, sino que procuró situarla en el lugar adecuado, en su sitio, sin tener que envidiar los progresos de las ciencias. En lugar de usar- y abusar- del término ciencia, dejémoslo para aquellas disciplinas que lo son y empleemos otros sustantivos para aquellos saberes que no pueden emplear el método científico, pero que no por ello dejan de tener un enorme valor. ¿Quién podría dudar, por ejemplo, de la importancia de la educación y del saber educar? ¿Ha de convertirse por ello la educación en una ciencia? Vista la experiencia cotidiana de padres y profesores más que una ciencia parece un difícil y complejo arte...

Como el discurso políticamente correcto es el sino de nuestros días, demos satisfacción a todos. Es posible aplicar nuestro codiciado sustantivo de una manera flexible. Así, por ciencia podríamos entender el estudio riguroso de una materia cualquiera. De esta manera, no podrá acusarse a nadie de hacer un uso indebido del concepto siempre que exista una exigencia de rigor dentro de esa disciplina. El Periodismo, la Pedagogía o el Derecho podrían denominarse legítimamente Ciencias de la Información, Ciencias de la Educación o Ciencias Jurídicas. Pese a todo, lo queramos o no, el hecho de anteponer la palabra ciencia a la materia estudiada, no garantizaría que tuviera la misma consideración que las otras ciencias, las de siempre. Además, no deja de ser curioso el hecho de que las disciplinas que más se empeñan en añadir el término ciencia a su nombre son precisamente aquellas que más se cuestiona que lo sean, mientras que aquellas otras que no se discute que lo son ni siquiera lo emplean. Así, en la Física, la Geología o la Botánica no aparece por ninguna parte el apreciado sustantivo. Sin lugar a dudas, esto nos llevaría de nuevo al punto de partida, al asunto de las ciencias blandas y las ciencias duras, y al deseo de ser a toda costa una ciencia. Y es que a pesar de todo, ellos -como a Marilyn- las prefieren rubias...

El autor defiende un concepto de ciencia que puede que haya personas que no compartan. Invitamos a nuestros lectores a manifestar su postura sobre el tema y a participar en un debate sobre ello.

ies.victoria.kent@centros5.pntic.mec.es

Contestaciones recibidas:

Ellos las prefieren ... ¡Ciencias! ... pero se casan con las morenas

Hay prestigios que matan

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