El rincón de la Ciencia nº 13 (Octubre-2001)
Alimentos transgénicos: ¿la comida del futuro?
(2ª parte)
(RC-32)

Brenda Sarquiz y Elmer Ramírez


En la primera parte del artículo se habló sobre el avance que ha tenido la manipulación de plantas de consumo humano, desde el inicio de la agricultura hasta los alimentos transgénicos. Pero quedó pendiente una pregunta: ¿cómo determinamos si compramos o no un alimento transgénico, si no conozco sus beneficios y sus posibles riesgos?

1ª PARTE

Con este escrito se pretende brindar las bases para formar un criterio y aplicarlo para decidir si consumirlos o no.

Actualmente han surgido muchas dudas que pueden transformarse en temores si no se tiene una buen información sobre ellos, pues dicha comida ha tenido una invasión masiva, pero muy silenciosa.

Estos alimentos surgieron con la idea de reducir a las mitad los 800 millones de personas que están muriendo de hambre, ya que permiten aumentar la productividad de los cultivos de mayor consumo como el trigo, tomate, arroz y principalmente el maíz. Sin embargo, se cree que esto es sólo la “cara bonita” que presentan las industrias transnacionales, pues en realidad lo que desean es controlar la producción de los principales cultivos en el mundo y crear una mayor dependencia de los agricultores hacia ellos.

Según los ecologistas, esta es la manera como se ocultan los riesgos potenciales que pudieran reducir su efectividad o, lo peor, generar problemas de salud y ambientales en el futuro. Por su parte, los científicos afirman que los supuestos daños al ser humano están descartados totalmente, justificándose en pruebas realizadas en laboratorios y en el campo.

A pesar de lo anterior, es posible que presenten efectos en el medio ambiente; por ejemplo, que al reproducirse las plantas transgénicas, su polen lleve las nuevas características a otras plantas compatibles o silvestres y que, por lo tanto, surjan nuevas especies o se produzca el fortalecimiento de malezas, respectivamente. Este es el caso de México con el maíz y su ancestro silvestre conocido como teocintle.

Por otro lado, se considera también que las plantas con “insecticidas insertados” pueden tener un efecto en organismos, como las abejas, o bien que pasen y se acumulen en cada eslabón de la cadena alimenticia. Ante este riesgo se ha respondido con una reglamentación en las estrategias del manejo agrícola, como separar dentro del mismo terreno un espacio para los cultivos transgénicos y otro para los tradicionales, para así conservar el equilibrio de plagas.

La última preocupación, pero la más importante, es el impacto en la salud y nutrición humana, pues debido a la inserción  de características nuevas (y por ende distintas) se pueden generar alergias, toxinas y/o irritación en algunas personas. La respuesta a esto son las pruebas y controles sanitarios extras, a los que no se someten los alimentos convencionales, que no han demostrado riesgo alguno.

Como consecuencia de este debate, se ha temido que dichos alimentos acaparen los anaqueles de almacenes; es cierto que los transgénicos están en constante crecimiento, pero de ahí a que desplacen la comida tradicional hay mucha distancia.

Un tema que deriva del  anterior es el derecho del consumidor a comprarlos o no: en Europa  se han prohibido, en Estados Unidos se fabrican y se exportan a países vecinos y en México se fabrican y venden clandestinamente; ¿acaso nos han dado gato por liebre?

El punto legislativo es la existencia de una norma oficial (056-FITO-1995), que establece los criterios para su importación y movilidad, mas no regula el consumo, ni protege a los compradores. Por lo tanto, es importante que, para ejercer nuestro derecho, se exija que estos alimentos se vendan por separado y debidamente etiquetados. Actualmente existe una gran falta de consenso mundial sobre cómo reglamentar su producción y venta.

Toda esta controversia lleva a pensar la necesidad de más investigación tanto de empresas agrobiotecnológicas, como de organismos públicos para así lograr un equilibrio entre los intereses mercantiles y las condiciones sociales, tomando siempre en cuenta la seguridad del consumidor.

La visión de una agricultura complementada con estos cultivos, es una opción tentadora para satisfacer la constante demanda alimenticia pero, a pesar de ello, ¿estamos preparados para adaptarnos y asimilar los cambios que traen consigo las grandes avances biotecnológicos como lo son los alimentos transgénicos?

Si usted tiene alguna duda o comentario, agradeceremos que escriba al siguiente correo electrónico:
brenda@biociencias.org , o bien lo puede hacer a elmer613@hotmail.com

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