El rincón de la Ciencia nº 3 (Noviembre de 1999)
El origen de la teoría atómica (RC-8)
F. Ortego

I.E.S. Victoria Kent


 

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La Escuela de Atenas

Rafael (1509-1510). Estancia de la Signatura del Vaticano

 

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Demócrito

Leucipo

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Epicuro

Parménides

Pitágoras

 

Quizá muchos hayáis estudiado en clase de química de qué están hechas las cosas. Decimos que algo es de madera, metal, plástico, etc., pero en realidad sabemos que todo esto no es más que la combinación de distintos elementos, los cuales están recogidos en la Tabla Periódica. A su vez, esos elementos están formados por unas partículas diminutas llamadas átomos. Cuando en clase nos explican la configuración electrónica de los elementos, es fácil que nos hablen de la teoría de Dalton, el modelo atómico de Rutherford o el de Böhr. Sin embargo, los primeros que hablaron de átomos fueron, como en tantas otras cosas, los griegos. Incluso inventaron la palabra "átomo" que significa indivisible. ¿Sabemos algo de los creadores de la teoría atomista?

Tradicionalmente se afirma que el fundador de la escuela atomista fue el filósofo Leucipo. Sabemos muy poco de su vida, tan poco que se ha llegado a afirmar que quizá nunca existió. Sea como fuere, quien verdaderamente dio cuerpo a la teoría atomista fue Demócrito. ¿Cómo surgió la teoría?

En tiempos de Demócrito, allá por el siglo V a.C., las distintas escuelas filosóficas se encontraban divididas básicamente en dos: la que consideraba que todo está en permanente cambio y que, por tanto, nada permanece constante; y la que afirmaba que la realidad en su conjunto es estática y que, aunque pueda parecer lo contrario, en el fondo nada cambia nunca. Heráclito se llamó el filósofo que defendió la primera teoría y Parménides quien defendió la opuesta. La teoría de Parménides nos recuerda a ese principio fundamental de la física que dice que "la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma", es decir, que en el fondo la realidad siempre es la misma. ¿Quiere esto decir que la ciencia moderna le viene a dar la razón? Quizá, de hecho los razonamientos de nuestro buen filósofo resultaban difíciles de rebatir, así que era complicado rechazar sus teorías. Sin embargo, había algo en esta teoría que costaba aceptar: si la realidad siempre es la misma, ¿por qué parece lo contrario? ¿Acaso no vemos que Heráclito tiene razón y que en cada instante todo es distinto de como era antes? Hasta nuestro cuerpo está cambiando constantemente aunque no nos demos cuenta.

Ya vemos que el asunto no era, ni es, fácil. Para compaginar los argumentos lógicos de Parménides con la realidad permanentemente cambiante que percibimos, Leucipo y Demócrito defendieron la existencia de un número infinito de unidades indivisibles que llamaron "átomos". Según ellos, los átomos son tan pequeños que no los podemos percibir, pero tienen distintos tamaños y formas. Además, estas partículas están en continuo movimiento en el vacío, por lo que se producen choques entre ellos. De estas colisiones surgieron los cuatro elementos básicos -agua, aire, tierra y fuego- que, según los griegos, dan lugar a todo lo demás. Con la teoría de los átomos, Leucipo y Demócrito podían explicar los continuos cambios que percibimos -los choques de los átomos producen estos cambios- aceptando a la vez la teoría de Parménides de que el ser de las cosas es siempre el mismo -los átomos son este ser invariable-.

La solución de los atomistas fue ingeniosa, si bien no era del todo original -¿no hemos dicho que todo se transforma?- Leucipo y Demócrito se basaron en las teorías de otros filósofos como Anaxágoras y Pitágoras. Finalmente, ¿qué pasó con la teoría? Aunque tuvo seguidores como Epicuro y Lucrecio, con Aristóteles las investigaciones científicas se desarrollaron por otros derroteros. El surgimiento de la ciencia experimental en el siglo XVI recuperó a los atomistas y a sus teorías, que acabaron desarrollándose en el siglo XX.

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