El rincón de la Ciencia                       

nº 61,   abril de 2012

Ciencia y Arte

ISSN:1579-1149

Una carrera espacial de cine. La conquista del espacio a través del celuloide

Ricardo Colmenero (UAH / UNED)


Introducción

Uno de los máximos sueños del hombre, además de poder volar, es el de alcanzar las estrellas. En efecto, más allá de cualquier alusión poético-literaria existe un anhelo inherente en la humanidad, el cual le ha llevado a explorar territorios desconocidos y lejanos. Primero fue nuestro propio planeta, del que desconocemos aun muchísimos rincones; y desde el siglo XX el espacio más allá de nuestra atmósfera.

Esa conquista del espacio no estuvo exenta de un contenido político que suele ser habitual en todo proceso histórico de relevancia. En este caso hay que trasladarse a un contexto en el que el mundo estaba dividido en dos bloques: el occidental con el modelo capitalista por bandera y el soviético de identidad comunista. Cada uno de ellos tenía un país a su cabeza que englobaba a un conjunto de Estados amigos, de forma que el capitalismo venía representado en toda su expresión por EEUU y el comunismo por la Unión Soviética.

Estas dos fórmulas de entender la política, la economía y la sociedad estuvieron enfrentadas en lo que la historiografía ha conocido como Guerra fría. Es decir, ni EEUU ni la URSS estuvieron en guerra bélica el uno con el otro, pero si realizaron una serie de demostraciones de fuerza contra el enemigo ideológico hasta finales los años 80, tiempo en el que comenzó el final de la URSS. No obstante este término es en cierta medida relativo, porque si que hubo conflictos bélicos como los de Corea o Vietnam en los que ambas potencias trasladaron su rivalidad a territorios anexos.  

Otra forma de lucha entre bloques fue la consecución de una serie de éxitos en torno a la exploración espacial. Por consiguiente, la URSS consiguió poner el primer satélite en órbita (el Sputnik), el primer animal (la perrita Laika) y el primer ser humano (el cosmonauta Yuri Gagarin); pero los EEUU lograron el mérito quizás más famoso de todos: poner por primera vez el pie en la Luna. Luego vendrían las misiones de la Atlantis , el famoso Apollo XIII y su fracaso o la impensable en otro tiempo Estación Espacial Internacional (fomentada por la unión de Rusia y los Estados Unidos). Al margen de estos episodios fundamentales en la historia del hombre, el ser humano puso a volar su imaginación años antes de que se lograsen tales metas y es en la cultura donde se puede apreciar sensiblemente ese sentimiento de lograr llegar donde nadie lo ha hecho jamás.

El presente artículo pretende sintetizar brevemente como el cine ha contribuido a impulsar la conquista del espacio y ha reflejado la perspectiva social de cada época en torno a la misma.

De la ciencia ficción a la ciencia: las primeras décadas del celuloide

La presencia del cosmos en el cine es casi contemporánea al nacimiento del mismo como forma de entretenimiento. Era la época de los pequeños cortos y medio-metrajes que narraban pequeñas historias o adaptaban textos literarios a los medios y limitaciones que por entonces el séptimo arte padecía (el color, la falta de sonido o los efectos especiales).

En las primeras décadas del cine mudo destacarían dos directores del cine fantástico que han sido claves para el desarrollo posterior de la ciencia ficción. El primero sería George Méliès, famoso director de teatro y prestidigitador que aprovechó los usos de la cámara y el montaje para realizar piezas que contuviesen números de magia y fantasía. Una de ellas es el famoso Viaje a la luna (1902) en el que una pareja viaja a la luna con la ayuda de un comité de sabios y tienen que combatir contra los extraterrestres que allí habitan. Este cortometraje con claras influencias de Julio Verne ofrece una visión móvil de un cohete, pirotecnia, y una luna maquillada sobre el rostro de un actor.  

Puede verse una versión restaurada de "Viaje a la Luna" en: http://www.youtube.com/watch?v=uMBkDT_eG5g

El segundo autor de estos orígenes del cine sería el aragonés Segundo de Chomón, de cuya mente e influido por la obra Méliès realizaría dos cortos que también pretendían mezclar ficción y ciencia. Concretamente se trataría de Excursión a la luna (1908), en la que se ofrece una visión mucho más humana de los extraterrestres, y el Viaje a Jupiter (1909) a través de los sueños de un rey. Es en este 1909 cuando desde Gran Bretaña se propone una situación inversa, un hombre que se dirige desde la luna a la tierra (When the man in the moon seeks a wife).

Durante la década de los 10, marcada por la profunda herida de la Primera Guerra Mundial, no hubo títulos de especial relevancia en el campo de la ciencia ficción y el espacio. Seguramente habría que esperar a dos películas europeas como Aelita y Una mujer en la Luna  para hablar propiamente de largometrajes de cierta relevancia.

Aelita es una producción soviética del año 1924 dirigida por Yakov Protazanov y que hace referencia a los peligros que una revolución conlleva. Para entenderla uno debe conocer el contexto político en el que se encontraba la URSS por entonces, concretamente la nueva política económica del último Lenin, que permitía una breve fase capitalista. En consecuencia Aelita muestra como la rebelión puede ser usada por la burguesía y la aristocracia para sus propios fines, de manera que la reina de Marte (Aelita), lugar en el que se desarrolla la película, solo se vale del proletariado para derrocar al dictador que ocupa el poder. Una vez eliminado el susodicho líder, las masas trabajadoras son esclavizadas por la propia Aelita en su propio beneficio.

Una mujer en la Luna (Die Frau im Mond) está dirigida en 1929 por el famoso director alemán Fritz Lang, quien ya había especulado con Metrópolis sobre el camino y los peligros que la ciencia podía conllevar al propio concepto de “humanidad”. En este caso vuelve otra vez a analizar la propia naturaleza humana, solo que en lugar de presentar una tierra esclavizada ahora el argumento se focaliza en la posible explotación de los recursos de la Luna. Allí supuestamente hay grandes cantidades de oro, razón para que el industrial aeronáutico Wolf Helius emprenda la aventura junto a su socio Hans Windegger, la astrónoma prometida de este Friede Velten y el profesor Georg Manfeldt, autor de la teoría que apunta la presencia del metal noble en el satélite. Nada saldrá como lo previsto.

Desde el punto de vista cinematográfico, Una mujer en la Luna carece de fundamentación científica alguna, pero es importante para el género de Ciencia ficción al introducir el concepto de pseudociencia (aplicación de principios científicos aparentemente empíricos, pero realmente inexistentes) y por comenzar a plantear la llegada a la Luna con fines económicos destinados a explotar sus recursos.

Cuando la política llegó al espacio: la Guerra Fría

El marco de la Guerra Fría en el celuloide fue especialmente combativo durante las décadas de los 50 y 60. En ellas ambas potencias elaboraron un programa ideológico firme y directo a las masas populares que iban al cine.

En EEUU la Carrera Espacial se llevó al género de la Ciencia Ficción de OVNIS. Concretamente los extraterrestres eran una clara alegoría a lo soviético, lo que era de fuera. Así nacieron algunos títulos como Ultimatum a la tierra, El ser del planeta X, El enigma de otro mundo  o las numerosas películas de serie B o Z que exploraban estos encuentros desde la propia tierra o más allá de nuestras fronteras.

Sin embargo se debe destacar de esta época una película que pretende reflexionar sobre las propias fronteras del hombre: 2001, una odisea en el espacio. La cinta de Stanley Kubrick es un claro alegato al progreso tecnológico del hombre, especialmente latente en la escena que representa el salto histórico del hombre-mono hasta la nave espacial futurista. Del mismo modo, la película es un ensayo sobre la relación que el hombre establece con las máquinas no en la clave de otras producciones como Metrópolis o Tiempos modernos, sino a través del choque de inteligencias. El espectador se encuentra, por tanto, en la primera lucha por la supervivencia entre la máquina creada por el hombre (representada por HAL 9000) y el propio demiurgo en la figura de los astronautas. La amenaza ya no viene de fuera, sino que es el propio hombre el que la da vida.

¿Dónde están los límites de la ciencia y el hombre? ¿En el Universo? ¿En la dependencia de las máquinas? Pues sencillamente están en la propia temporalidad del ser humano, que nace, crece y muere en unos contextos históricos o espaciales determinados por su nacimiento. 2001, una odisea en el espacio traslada la propia existencia a la relatividad del tiempo y los actos. 

La Unión Soviética también realizó numerosas producciones sobre la exploración espacial. En esta tradición hay que recordar la primera versión de Solaris, del año 1972, o El gran viaje espacial, que puso más allá de la órbita terrestre a unos adolescentes por primera vez en el cine europeo.

Apollo XIII

Ron Howard dirigió en 1995 la que hasta hoy es la última producción sobre el espacio de cierta relevancia y no procedente de la ficción. Apollo XIII  es por lo tanto cine histórico y narra los acontecimientos e incidentes en el que se vio envuelta la tercera misión de alunizaje.  La Apollo XIII comenzó con problemas desde su lanzamiento, el 11 de abril de 1970. En efecto, el motor central se apagó anticipándose dos minutos a los parámetros programados, a lo que se sumaría que los cuatro propulsores externos estuvieron encendidos durante más tiempo y se forzaron en demasía. Aun quedaba lo peor: el estallido del tanque de oxígeno en el módulo de mando Odissey y los fallos tanto en el sistema de extracción de CO2 y en la refrigeración de la nave. Milagrosamente, la tripulación compuesta por James A. Lowell Jr., T. Kenneth Mattingly II y Fred W. Haise Jr. volvieron  sanos y salvos el 17 de abril del mismo año.

Regresando a la producción de Hollywood, protagonizada por el oscarizado Tom Hanks, la película es testigo de la tensión que sufren tanto los tripulantes como el control de control en Houston. Artísticamente la película está bien realizada y tuvo gran impacto en la sociedad. Prueba de ello es el frecuente uso de  la frase “Houston, tenemos un problema”, usada en la película y acogida por el gran público para hacer referencia a una situación imprevista y negativa.[1]

A día de hoy

Actualmente, el cine sobre la conquista del espacio ha vuelto a extrapolar lo estrictamente científico para volver a los brazos de la ciencia ficción. De este modo producciones como Sunshine, la versión estadounidense de Solaris, Stardust o Misión a Marte van más allá de las misiones normales de la NASA o la AEE para sumergir al espectador en el terreno de lo desconocido. Siempre hay rumores de que en X años se intentará poner al hombre en Marte, pero realmente esta cuestión se encuentra todavía en una fase casi embrionaria, lo que nos lleva al cine para realizar posibles hipótesis o simplemente aventuras trasladadas más allá de las fronteras de la tierra. Por poner un ejemplo gráfico, cabe destacar la película Moon, en la que el protagonista es jefe técnico de una explotación minera en la luna y sufre, además de los efectos de la soledad, un proceso continuo de terror que le lleva a descubrir un terrible secreto sobre el susodicho emplazamiento lunar.

También es cierto que el género de la ciencia ficción no se encuentra en una edad dorada propiamente dicha. Quizás la última explosión del género se produjo a finales de los 90, cuando el cine de catástrofes provocó alguna que otra producción de dudosa calidad y que siempre ponía a la Tierra en peligro (el hombre no salía al exterior, sino que los problemas venían al planeta en forma de meteoritos, glaciaciones, estrellas o cometas). La edad de oro de la carrera espacial había llegado a su fin, las sondas espaciales sustituyen a los hombres en órbita, EEUU y Rusia colaboran juntos como antaño solo podía pasar en el cine (por ejemplo en la cinta de Sean Connery Meteoro); y las cada vez más viejas lanzaderas comienzan a oxidarse. Es el inicio de una nueva época, en la que quizás el hombre está más atento a los misterios y tribulaciones del planeta azul frente al enorme enigma que para nosotros supone el resto del Universo.

 

[1] Cabe citar que esta frase dicha por el astronauta Jack Swigert es erróneamente transcrita en la película. Concretamente se puede escuchar en la cinta “Houston, we have a problem”, cuando realmente se afirmó “Houston we’ve had a problem here”.


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