El rincón de la Ciencia                       

nº 15,   Febreo de 2002

Ciencia y Arte

 

Alexandro Volta muestra su pila eléctrica ante Napoleón Bonaparte en 1800

Antonio del Moral


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Alessandro Volta muestra su pila eléctrica ante Napoleón Bonaparte en 1800

Fresco de Nicola Cianfanelli (1793-1848) pintado en 1841.

Florencia, Museo de Física y Ciencias Naturales.

En 1796, el profesor de Física Experimental de la ciudad italiana de Pavía, Alessandro Volta, poseía todos los conocimientos necesarios para construir la pila eléctrica a la que, con el tiempo, uniría su nombre, y que se encuentra en la base de todas las que son utilizadas en nuestros tiempos. Sin embargo, su descubrimiento no fue conocido hasta que Volta escribió sobre la misma a Joseph Banks, secretario de la Royal Society de Londres, de la cual el científico italiano era miembro desde 1791, al tiempo que viajaba a París, en compañía de un colega docente, el destacado químico Brugnatelli.

En aquel tiempo, París era la capital de la República francesa que, tras más de diez intensos años revolucionarios, parecía apaciguarse, aburguesándose, mientras trataba de convertirse en un centro difusor del Arte, las Letras y las Ciencias, siguiendo los ambiciosos planes culturales y educativos del Primer Cónsul de Francia, el invicto general Napoleón Bonaparte.

Volta era portador de una misión oficial de las autoridades académicas, las cuales querían agradecer a Bonaparte que hubiera permitido abrir nuevamente las aulas de la Universidad de Pavía, situada políticamente –a capricho del militar corso- en territorio de la nueva República Cisalpina, estado satélite de Francia. Pero la pila cambió completamente el interés del viaje. Así, Napoleón –a quien observamos en este fresco- junto a ciertos miembros de la Academia de Ciencias asistió a las demostraciones que Volta realizó de su pila en una sesión pública, a quien una comisión académica aconsejó que se le otorgara, por sus descubrimientos, una medalla de oro. La electricidad galvánica y la electricidad de máquinas fueron reconocidas como idénticas ante la comunidad científica francesa.

El físico italiano demostró nuevamente sus conocimientos en el domicilio del químico Fourcroy, que llegaría a ser consejero de Estado, y en los de los destacados físicos Charles y Lamétherie, director del Journal de Physique. Fiel a su política de seducción de científicos e intelectuales, que había adoptado a sugerencia de Lazaro Carnot desde la campaña de conquista de Italia en 1796, Napoleón otorgó el título de conde a Volta y le procuró una pensión que fue regularmente abonada. En 1803, fue nombrado miembro extranjero del Instituto de Francia.

La demostración de la pila eléctrica fue todo un símbolo para la época, de ahí que fuera inmortalizada por los artistas franceses en diversos cuadros, estampas y frescos durante el siglo XIX. Representaba la reconciliación de la ciencia italiana y la francesa, separadas desde hacía tiempo. La italiana más académica, expuesta a la manera escolástica y positivista; la francesa deslumbrada por el auge de las Matemáticas durante el siglo XVIII, ante las cuales concentraba sus mayores esfuerzos. De suerte que este encuentro, sin subordinación de unos científicos sobre otros, fue sobrevalorado, definiéndose como principio de una nueva ciencia continental.... en la Nueva Europa dominada por Francia que soñaba Napoleón.

La pila facilitó que varios científicos ingleses lograran aislar nuevos cuerpos como el potasio y el sodio. Fue la base de los nuevos conocimientos electrodinámicos desarrollados por Oersted, Ohm y Ampére en los años veinte del siglo XIX y, en última instancia, de los cambios que el mundo observaría con la invención del motor eléctrico.

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